jueves, 27 de agosto de 2009

27 agosto 2009

Te ayudaré a matar a los chacales

A M. Vinicio Dávila y Simitrio Quezada:
cortazarianos impenitentes.

Difundida ampliamente y comentada hasta el hastío desde los puntos de vista más encontrados, la entrevista que en 1977 hiciera Joaquín Soler Serrano a Julio Cortázar sólo abunda, lamentablemente, en los tópicos y prejuicios que para entonces el inimaginable número de lectores ya tenía bien formados sobre Julio Cortázar, el escritor universalmente argentino.
Los detalles de su vida han sido repasados y replanteados una y otra vez, dicha entrevista pudo haber sido un documento importantísimo para valorar mejor la obra y apreciar el desarrollo de la creatividad literaria del escritor; lamentablemente, en las distintas versiones que circulan libremente en Internet, la entrevista –con sus poco más de dos horas- aparece censurada: la TVE –y suponemos que el gobierno en turno- no le perdona a Julio el interés y la pasión que vertió sobre sus actividades, preocupaciones e ideologías políticas. El programa quedó un tanto lejos de las pretensiones de su nombre, ‘A fondo’. Joaquín Soler se percibe más preocupado por ‘estar a la altura’ que por conversar con Julio, extrañamente accesible y también conciso en sus respuestas.
Con todo, habrían de pasar veinte años para que apareciera una biografía aún poco conocida sobre Cortázar: fue escrita por Mario Goloboff y publicada por la Seix-Barral en 1998; en algo más de trescientas páginas aborda la titánica tarea de biografiar y sacar en limpio el cúmulo de observaciones, tópicos, mitos, críticas e invenciones que pululan entre los lectores y estudiosos de la obra y vida del escritor.

De qué sirve escribir la buena prosa
Militante de hueso colorado -y para algunos, incómodo hasta el paroxismo-, sobre Cortázar se ha obrado paradójicamente lo que no ha sido posible hacer sobre Borges: la expropiación de la ideología política sobre la labor literaria y poética. A los nuevos lectores les maravilla y escandaliza la visión sin matices ni dobleces que hiciera a Borges decir ‘El único defecto de Estados Unidos es haberle dado educación a los negros.’ Este tipo de detalles y observaciones sobre el colonialismo y el imperialismo a machamartillo de Borges sigue impregnando todo acercamiento crítico a su obra. Sin embargo, sobre Cortázar se ha obrado el prodigio de que pueda abordarse su obra dejando fuera completamente sus fuertes convicciones políticas, como se observa en la marea irrefrenable que puede consultarse en Internet formada con artículos, ensayos, tesis, reseñas, colaboraciones y análisis literarios. No podía ser de otra manera, el escritor del parteaguas titulado ‘Rayuela’ también nos legó un poema que aún goza de muy buena circulación, aunque cada día va siendo olvidado un poco más, avergonzando a editores e impresores: la ‘Policrítica en la hora de los chacales’. La compleja simplicidad de la palabra ‘Policrítica’ ha sido analizada e incluso explicada por el mismo Cortázar, baste decir a grandes rasgos que se trata de un juego de palabras entre los vocablos ‘política’, ‘crítica’ y ‘cri’ que en lengua francesa vale tanto por ‘llanto’ como’ por ‘grito’: vale la pena anotar que Cortázar admite que dicha palabra no es una creación suya, gramaticalmente hablando; no dice el nombre y sólo señala que una amiga suya, hablando sobre la enredada situación política y económica de Cuba, acuñó la palabra ‘policritique’. Cortázar piensa en francés que entre ‘poli’ y ‘tique’ se sitúa ‘cri’, con las implicaciones semánticas que esto supone.
¿Por qué es tan incómodo este poema? Por la sencilla razón de que Cortázar, simpatizante del régimen imperante en la isla, dedica precisamente a Cuba dicho poema con la intención de molestar a ‘las buenas conciencias’ contentas ante el embargo impuesto principalmente por los Estados Unidos de Norteamérica a la isla en 1962, y los sucesos que rodearían la detención del poeta Heberto Padilla el 20 de marzo de 1971. Cortázar se enternece, la isla resuma vida, vigor, la fuerza de un presente glorioso y ganado a pulso:
‘Buenos días, Fidel, buenos días, Haydée, buenos días mi Casa,
Mi sitio en los amigos y en las calles, mi buchito, mi amor,
Mi caimancito herido y más vivo que nunca,
Yo soy esta palabra mano a mano como otros son tus ojos o tus músculos,
Todos juntos iremos a la zafra futura,
Al azúcar de un tiempo sin imperios ni esclavos.’

Casi diez años después de iniciado el tramposo embargo comercial sobre Cuba, Cortázar escribe un poema que es la suma de sus convicciones políticas, ideológicas y sociales. Él se permite también gritar, con un grito que ni entonces ni hoy ha podido ser ahogado.

El virtuosismo del juego
Quizá el único arrebato que se permitió Cortázar en su vida fue el de la publicación de su primer poemario ‘Presencia’, cuando contaba 24 años. Hablará con frecuencia sobre dichos poemas en forma de sonetos, y también sobre el impasse que siguió a esa publicación llevándolo a continuar su meditación, lectura y estudio, hasta publicar su siguiente libro, el poema dramático titulado ‘Los reyes’, once años después, en 1949. Desde este libro su escritura mantendría una tónica constante: corrección y detalle preciso, economía y elegancia, fluidez y análisis, profundidad, ironía y juego.
Lector voraz, al principio de su carrera literaria se consideraba un mero ‘aficionado a la escritura’ y no buscó sobresalir y ganarse un nicho en el horizonte literario contemporáneo. En contra de moldes, fórmulas de éxito probado, salidas fáciles y lugares comunes, su obra destaca entre sus contemporáneos por lo arriesgado de su factura, la frescura y novedad en temas que constantemente rozan los linderos de la literatura clásica greco-romana; su poética es la de los impresionistas franceses pero con un acento de inconfundible aroma latinoamericano –y argentino-, que rompe flagrantemente los moldes métricos y sintácticos más decimonónicos del verso.
La capacidad de reconstrucción, asimilación y la temeridad de Cortázar se advierten mejor en sus cuentos, magistralmente escritos, de insuperable calidad. En ellos asoma el homenaje, los guiños de complicidad, el elemento autobiográfico, el juego puro, el humor, la ironía, la fantasía y la observación psicológica. Cortázar se erige como uno de los escritores de cuentos más completos y complejos del siglo veinte, al no retroceder jamás ante reto alguno: vampiros, ‘cronopios’, carreteras, máscaras griegas, líneas telefónicas, subterráneos, boxeadores, jardines infantiles y vías del tren, ríos y teatros, coliseos y motocicletas, jazz y tango, la libertad y los prisioneros encapuchados, son temas que aparecen tratados con una maestría inolvidable.
Sus grandes obras tampoco escapan de esos leitmotivs: Rayuela pareciera ser un gigantesco compendio de las manías más acentuadas de Cortázar, aunque ciertamente dicha novela es mucho más que un conglomerado de elementos dispersos: es el cenit de la obra, pensamiento e ideología cortazarianos por excelencia.

Todo escritor, Narciso, se masturba
La ‘Policrítica en la hora de los chacales’ apareció en la revista Casa de las Américas, en el número correspondiente al bimeste julio-agosto de 1971. Este poema coincide con una época difícil en la vida de Cortázar: invitado con anterioridad a formar parte del jurado que premiaría ‘Hombres de a caballo’ de David Viñas, en 1967 y que por esta razón leyera poco menos de un centenar de novelas, ya había estado en Cuba con anterioridad, en 1962, época donde se fragua su compromiso por la liberación latinoamericana. Entre ambas visitas se daría la oportunidad de charlar con Fidel Castro, Mario Vargas Llosa, Ángel Rama, René Depestre, Leopoldo Marechal, José Lezama Lima, Juan Marsé y Mario Monteforte Toledo, algunos de los cuales también conversarían en distintas ocasiones sobre cuál sería el destino de la revista ‘Casa de las Américas’. Los cambios internos de la política cubana le llevarían a un distanciamiento con Cuba debido a la detención del escritor Heberto Padilla y su esposa la también poetisa y escritora Belkis Cuza Malé el 20 de marzo de 1971: Cortázar y otros escritores pidieron informes referentes a tal hecho, lo que les costó la condena directa por parte de Fidel Castro. Consciente de que Fidel no es Cuba, escribe la Policrítica como una apología, una declaración de principios, y un compromiso firmado a favor de todos aquellos ‘…hombres enteros que nunca olvidarán la risa y la ternura, / que las defenderán enamoradamente, / que cantan y que beben entre turnos de brega, que hacen guardia fumando, / que son los que buscó Martí, los que firmaron con su sangre tantos muertos / a la hora de caer frente a chacales de dentro y a chacales de fuera.’
Heberto Padilla fue liberado, contribuyeron para esto escritores de talla y presencia mundial como Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Alberto Moravia, Susan Sontag, Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Octavio Paz, Hans Magnus Enzensberger y Juan Goytisolo, aunque se le impidió la salida de la isla y sería hasta el 13 de marzo de 1980 que podría abandonar Cuba. Cortázar, a pesar de la desilusión que experimentó por los cambios sufridos en la isla debidos a las decisiones de Fidel Castro no deja de interesarse en su política, y continuó siguiendo de cerca su desarrollo, dándose tiempo para preocuparse por otras cuestiones y problemáticas presentes también en distintas partes de Latinoamérica, como los conflictos nicaragüenses.
En su poema deja claro que si todo escritor se recrea en su propia obra, también es cierto que éstos serán los menos que acudirán al llamado de las nuevas sociedades, incapaces de interpretar los movimientos sociales e históricos que darán paso a las nuevas ideas, a los nuevos pueblos, a las nuevas naciones. ‘Escritura’ y ‘compromiso’ son elementos inseparables en algunos de los últimos libros escritos por Cortázar: ‘…Y como pueda y donde esté sigo siendo esa tierra, y por sus hombres / escribo cada letra de mis libros y vivo cada día de mi vida.’

…te ayudaré a matar a los chacales
‘Les hablo a todos mis hermanos, pero miro hacia Cuba, / No sé de otra manera mejor para abarcar la América latina.’ Más de un lector debió escandalizarse ante los versos de la Policrítica: ¿Cuba es el ideal de Latinoamérica? No es necesario matizar lo que el mismo Cortázar escribe y desarrolla a lo largo de su poema: los gobiernos y sus dirigentes, sus burócratas serviles, sus sistemas nauseabundos y vendidos a las grandes transnacionales, capitalismos viciados con su economía deshumanizada, todos ellos son obstáculos abatibles bajo la planta de ‘aquel que aguanta en el timón, / de aquellos que pelean por una causa justa, allá o aquí, en lo alto o en lo bajo’.
Quienes le reprocharan alguna vez haber adquirido la nacionalidad francesa olvidan a propósito que esto se llevó a cabo hasta 1981, 3 años antes de su muerte. Es decir, era un mero trámite, el agradecimiento para el país que le diera cobijo, y en el que escribiera algunas de sus obras más reconocidas y leídas, ‘Rayuela’ entre ellas.
La literatura, la vida de Julio Cortázar están enraizadas en lo más profundo de la esencia latinoamericana, por más que en sus cuentos y novelas se hable de París, de Grecia o de Roma. Los peligros a que se enfrenta hoy día Cortázar quizá ni él mismo los hubiera imaginado: se ha convertido en una ‘figura de culto’ en el amplio horizonte narrativo contemporáneo, y sus libros son citados a diestra y siniestra. Lamentablemente son pocos lectores los que aún recorren sus páginas, descubriendo y gustando lo que Cortázar nos legó en sus distintas facetas. El mejor homenaje que puede rendírsele a Cortázar es el de la lectura. En 1971 escribió:
‘De qué sirve escribir la buena prosa,
De qué vale que exponga razones y argumentos
Si los chacales velan, la manada se tira contra el verbo’.

Al parecer los chacales han comprendido que lo mejor no es atacar, sino ignorar. ‘Me ayudarás, te ayudaré a matar a los chacales, / veremos más preciso el horizonte, más verde el mar y más seguro el hombre.’ La invitación de Julio sigue en pié, ¿quién se anima a tomarle la palabra?





Derechos reservados.

Los derechos sobre la cabecera, tipografías, diseño, colores, perfiles de color, gráficos y fotografía de los artículos ya impresos pertenecen única y exclusivamente a El Diario NTR Zacatecas.

Todos los derechos sobre el texto quedan reservados a su autor.

viernes, 21 de agosto de 2009

Cátaros. Una respuesta.

Amablemente, Brad Hoffstetter ha dejado un comentario en la versión pdf del artículo publicado el 9 de julio, que trató sobre los Cátaros.

Incluye un par de links a sitios 'serios' que abordan el tema, y su comentario me parece tan apropiado, que no puedo menos que incluirlo en este sitio, para que ayude a los lectores interesados en el tema.

"The term “Cathars” derives from the Greek word Katheroi and means “Pure Ones". They were a gnostic Christian sect of tolerant pacifists that arose in the 11th century, an offshoot of a small surviving European gnostic community that emigrated to the Albigensian region in the south of France.The medieval Cathar movement flourished in the 12th century A.D. throughout Europe until its virtual extermination at the hands of the Inquisition in 1245.

There are an ever increasing number of historians and other academics engaged in serious Cathar studies. Interestingly, to date, the deeper they have dug, the more they have vindicated claims that medieval Catharism represented a survival of the earliest Christian practices.

Thank you!
Brad Hoffstetter
Communications Division
Assembly of good Christians
www.cathar.net

Some credible sources:
http://www.wmich.edu/medieval/congress/
http://www.fordham.edu/halsall/sbook.html


Addita:

En la página web de Fordham, apartado 'Medieval Sourcebook: High Medieval Church Life', aparecen los siguientes enlaces sobre el tema de los Cátaros:



  • Cathars

  • jueves, 20 de agosto de 2009

    20 agosto 2009

    Entre la literatura y el opio


    Acostumbrado a vivir creando sus propios mundos, el escritor tarde que temprano se enfrenta a las tentaciones magnéticamente atractivas de los estimulantes, llámense alcohol, hachís, opio, mariguana, heroína, coca o fármacos. Dicha atracción es más poderosa si se tiene en cuenta que la imaginación de que echan mano los escritores se verá potenciada, brindándole hipotéticas formas alteradas de percibir la realidad, interpretarla, procesarla y ponerla por escrito.
    El siglo XIX fue pródigo en la experimentación de los alucinógenos como estimulantes del genio creador: Thomas de Quincey escribe las ‘Confessions of an Englishman Opium Eater’ [Confesiones de un comedor de opio] en 1821, apareciendo en la ‘London Magazine’ y viendo la luz como un libro al año siguiente, en 1822, para ser revisado y vuelto a publicar tres décadas y media después, en 1856, por el mismo autor.
    En dicho libro se narra la desventura de la adicción al láudano [opio mezclado con alcohol] del escritor y a grandes rasgos, los efectos que dicha afición tuvo en su vida. Y aunque las ‘Confesiones’ lanzaron a la fama de una vez por todas a De Quincey, no fue la única que sobresalió en su tiempo, ni tampoco la única que abordó el tema de los estimulantes, sus efectos y virtudes.

    Los paraísos artificiales.
    Baudelaire, reconocido sobre todo por ‘Las flores del mal’ admiró la valentía del Englishman helenista que se atrevió a hacer públicas su adicción y su lucha por librarse de la misma, en medio de la conservadora sociedad londinense de su tiempo. ‘Los paraísos artificiales’ [libro publicado en 1860] se basa directamente en la obra de De Quincey, aunque Baudelaire no tiene el mismo valor que el inglés al narrar lo vivido en carne propia. Baudelaire probó el opio en forma de diferentes preparados, cuando contaba una veintena de años, y era más que nada mera curiosidad cuya finalidad preponderante era la de ‘estar a la moda’. Ya en su edad adulta, quejándose de diferentes dolores y malestares causados por lo que se supone sería alguna sífilis juvenil mal atendida, tiene que hacer uso constante de dosis elevadas de opio. Escribe al administrador de sus bienes, Ancelle, el 26 de diciembre de 1865: ‘Tengo la cabeza atontada y distraída. Ello se debe a todas estas crisis seguidas y también al uso del opio, del digital, de la belladona y de la quinina. Un médico que he hecho venir ignoraba que otras veces hice uso del opio, y por ello, después de haberme asistido, me vi obligado a doblar y a cuadriplicar la dosis.’
    Baudelaire cuenta para entonces cuarenta y cuatro años es decir, sólo un par de años le separan de la tumba.

    De placer y placeres.
    Baudelaire traduce al francés a Edgar Allan Poe, dichas traducciones abarcan un par de lustros en su vida. Es tanta la admiración que siente por él que llega a afirmar haber encontrado en Poe ‘cuentos y poemas que ya tenía en mi cabeza, pero no habían podido tomar forma’.
    La simpatía que siente por Poe -ocasional consumidor de opio quien en 1847 moriría alcoholizado en medio de un delirium tremens y que también había intentado suicidarse por lo menos un par de veces-, es mayor aún por encontrar en el marginado escritor bostoniano el aspecto más sombrío y oscuro de la personalidad consciente de la destrucción que obra sobre sí misma que tanto atraía a Baudelaire. Al conocimiento sobre la obra y la figura de Poe se añadiría, inmediatamente después, la lectura de De Quincey, a la que seguiría la escritura de Los paraísos artificiales.
    Resulta curioso que Los Paraísos artificiales fueron concebidos inicialmente no como un libro solo e independiente, sino como una ‘conferencia’ o ‘disertación’ que se buscaba insertar entre sus ‘Curiosidades estéticas’. Pero al ser este último un libro que versaba sobre cuestiones de crítica literaria, el tema de ‘Los paraísos’ quedaba automáticamente excluido.
    Entre 1857 y 1859 elabora cuidadosamente los apuntes que darían paso a ‘Los paraísos’, simultáneamente proyecta traducir al francés las ‘Confesiones’ de De Quincey. Los versos de esa época, por ejemplo ‘Le poison’, retratan fielmente la obsesión del escritor por el tema del opio:
    “L'opium agrandit ce qui n'a pas de bornes,
    Allonge l'illimité,
    Approfondit le temps, creuse la volupté,
    Et de plaisirs noirs et mornes
    Remplit l'âme au delà de sa capacité.”

    Enrique López Castellón traduce: “El opio agranda lo que no tiene límites, / ensancha lo ilimitado, / hace profundo el tiempo, ahonda los goces, / y de placeres oscuros y lúgubres / llena el alma por encima de su capacidad.”
    Baudelaire percibe el placer encerrado en el opio como el placer del artista, argumentando que hachís y opio elevan la imaginación a la máxima potencia, ayudándole a soportar los intensos dolores que produce la creación estética. El vino, por tanto, será el sucedáneo del obrero, que busca en la embriaguez una momentánea liberación de su realidad atroz, de su miseria, su pobreza y hacinamiento.
    Como sea, en ambos casos nos encontramos ante un leitmotiv constante en Baudelaire: la tentación maligna, diabólica, que sólo puede ser vencida por la fuerza de voluntad que cobra tintes angélicos: ‘el recurso a la droga representa una tentación demoníaca cuya innegable fascinación deberá resistir toda voluntad angélica’, apunta López Castellón en su introducción a la traducción de ‘Los paraísos artificiales’ al castellano.

    Editores, economía y ética.
    La primera edición de Los paraísos artificiales vio la luz en 1860. Es el segundo y último de los libros que Baudelaire vería publicados en vida: Representa sobre todo una reflexión y meditación profunda, respecto a lo que antaño viviera De Quincey: el sufrimiento, las dificultades y el poder de la fuerza de voluntad.
    Poulet-Malassis, quien fuese el amigo fiel de Baudelaire y hubiera ya editado Las flores del mal será quien ponga a la venta este volumen. No obstante esa amistad, Poulet-Malassis buscará obtener un jugoso beneficio económico al buscar insertar, justo al final del libro, una viñeta publicitaria donde se anunciaría un farmacéutico de Bruselas especialista en la elaboración de distintos preparados con base de hachís.
    Baudelaire tiene entonces 39 años, y se opone rotundamente a las intenciones de tal anuncio: la contradicción que supondría es evidente. Ayudará a comprender los porqués saber que en ese tiempo Baudelaire sufría serias penurias económicas, y que estaban aún recientes las multas a que se vio sometido precisamente por la publicación de Las flores del mal: la condena judicial pesa sobre su ánimo, y no se atreve a enfrentarse a los defensores de la moral en boga. Baudelaire se transforma en un escritor a-político, manteniéndose al margen de las disputas y pleitos de índole moralista y social, encerrándose en la reflexión que elabora alrededor de los estimulantes: alcohol y hachís, las dos caras de un mismo placer, destinados a hombres distintos, aunque para vencerlas a ambas sea necesaria una fuerza de voluntad de proporciones prácticamente divinas.

    Los abismos y la gloria: ¡Me he convertido en Dios!
    Sinfín de comparaciones se han hecho en torno a la obra de Baudelaire y la de De Quincey. A primera vista pareciera que Baudelaire hizo una copia en francés, mera transcripción de la obra inglesa. Y aunque existen indudables puntos en común, son precisamente por esas características similares que resalta la diferencia entre ambas: De Quincey escribe su obra como una confesión autobiográfica, Baudelaire proyecta una disertación, impersonal, para mostrarse ante un público que ya sabía lo que quería obtener del escritor.
    De Quincey siguió experimentando con el opio y sus ‘Confesiones’ sólo son el inicio que demarca una lucha que daría origen a otro libro, ‘Suspiria de profundis’, publicado en 1845 de forma fragmentaria, y que ha dado origen a un sinfín de problemas literarios. Comenzando por la forma, los ‘Suspiria’ son catalogados actualmente como ‘prosas poéticas’, aunque algunos críticos ingleses los consideran supremos ensayos de fantasía, que tienen las mismas raíces que las ‘Confesiones’, otros incluso los toman como la efectiva continuación de estas. Después de la muerte de De Quincey en 1859 se encontró una serie de 32 escritos más, que presumiblemente pudieron estar destinados a formar parte de los ‘Suspiria’. De esos 32, 18 se perdieron, y la lista de entonces ha quedado incompleta. Se sabe que los últimos años de su vida De Quincey trabajaba a la luz de candelabros, y desarrolló una manía que consistía en incendiar con ellos escritos, papeles, incluso, mechones de su propio cabello.
    Baudelaire sobrevivió a De Quincey, y pudo entrever en su figura, genio y desgracia, atisbos de lo que sería su propia vida y obra.
    Baudelaire llega hasta el extremo: el hachís permitiría al hombre ‘ser Dios’. “En suma, no es de asombrar que el pensamiento final y supremo que surge de este soñador [el buscador de paraísos artificiales] sea: ¡Me he convertido en Dios!” [Personne ne s'étonnera qu'une pensée finale, suprême, jaillisse du cerveau du rèveur: "Je suis devenu Dieu!"].
    La estructura misma de ‘Los paraísos artificiales’ resuma elegancia, cordura, análisis profundo y una buena dosis de apología. Pasan por sus páginas los aspectos fisiológicos, psicológicos, los cuestionamientos morales de la adicción, qué es lo que se ve, lo que se experimenta en el estado de trance; el eje fundamental de su libro se basa en las Confesiones de De Quincey, pero más que una copia fiel se trata de la interpretación y reescritura del libro, vertiéndolo del inglés al francés. Apenas iniciada su tarea, Baudelaire se lamenta: ’…me veré obligado, con mucho pesar, a eliminar numerosas disgresiones sumamente divertidas y disertaciones exquisitas…’ […je serai obligè, à mon grand regret, de supprimer bien des hors-d'oeuvre très-amusants, bien de dissertations exquises...].
    Escritura, meditación y recreación, Baudelaire simpatizó con De Quincey al encontrar en él un compañero en el viaje que emprendió, guiado por los espíritus funestos del opio, sólo para encontrar que al frenesí del hachís siempre sucede el desencanto de la vida gris, prisionera de sus propios demonios, incapaz finalmente de escapar de la muerte:
    “Mais la Mort, que nous ne consultons pas sur nos projets et à qui nous ne pouvons pas demander son acquiescement, la Mort, qui nous laisse rêver de bonheur et de renommée et qui ne dit ni oui ni non, sort brusquement de son embuscade, et balaye d'un coup d'aile nos plans, nos rêves et les architectures idéales où nous abritions en pensée la gloire de nos derniers jours!”
    [Pero la Muerte, a quien nunca le consultamos sobre nuestros proyectos ni podemos pedirle su aquiesencia, la Muerte, que nos deja soñar con la felicidad y con la fama y que nunca nos dice ni que sí ni que no, sale bruscamente de su emboscada y barre de un aletazo nuestros planes, nuestros sueños y nuestros castillos en el aire donde pensábamos albergar la gloria de nuestros últimos días].





    XLII LLL - 20 AGOSTO 2009 - Entre La Literatura y El Opio
    Derechos reservados.

    Los derechos sobre la cabecera, tipografías, diseño, colores, perfiles de color, gráficos y fotografía de los artículos ya impresos pertenecen única y exclusivamente a El Diario NTR Zacatecas.

    Todos los derechos sobre el texto quedan reservados a su autor.

    jueves, 13 de agosto de 2009

    13 agosto 2009

    De mitologías, matanzas y recuerdos

    Estudiantes y tanquetas
    A las interminables páginas que se han escrito sobre el movimiento estudiantil de 1968 aún faltan por agregarse varias, quizá las más esclarecedoras: de qué sirvió aquella movilización estudiantil, hasta qué punto era factible que dicho movimiento pudiese cambiar el ‘status quo’ imperante en el México de entonces, hasta dónde influyó realmente la lectura de Marx, Engels y los revisionistas en boga.
    Algunos intentos de escritura sobre dicha época se han dado, originando que en el México a últimas fechas tan poco inclinado a la lectura, sigan manteniéndose como verdaderos best-sellers, sobre todo cuando los cursos escolares están por comenzar, y resulta anonadadoramente cercano el 2 de octubre.
    Ente ellos sobresalen ‘La noche de Tlatelolco’ de Elena Poniatowska, ‘Regina’ de Antonio Velasco Piña, y una novela injustamente olvidada, ‘La cripta del espejo’ de Marcela del Río.
    Las visiones de tales novelas, o documentos, es diversa como diversas son las declaraciones, las reconstrucciones, las invenciones en torno al suceso, en todas ellas el común denominador es el asesinato de estudiantes perpetrado directamente por el presidente de la República, y la imposibilidad de obtener por parte del gobierno, el justo castigo para quienes obraron en contra de México.

    In principio erat imago
    Poniatowska publicó ‘Tinísima’ en 1992. Novela situada exactamente durante la primera mitad de Siglo XX, relata la vida de Tina Modotti, a quien le tocara en suerte ver morir asesinado a ‘alguien que era más que su amante’ –Julio Antonio Mella, fundador del Partido Comunista Cubano-, a balazos, por el hecho de ser opositor al régimen del entonces gobernante cubano Gerardo Machado. La vida de Modotti resalta con una claridad quizá sólo semejante a la de Kahlo, la lucha que se vivió en México cuando la mujer comprendió que los derechos y privilegios que gozaban los hombres no eran solamente conquistas de género, sino de especie: a ellas también les correspondía trabajar, buscar y encontrar el placer en el propio cuerpo y en el ajeno, también les correspondía alcanzar el reconocimiento como profesionistas y no quedar relegadas a los rincones más oscuros e ingratos del hogar. Si la vida quasi cinematográfica de Modotti causó revuelo y escándalo, la segunda mitad del siglo se encargaría ver malograrse las aspiraciones que apenas un par de generaciones después llevarían a los movimientos estudiantiles a situarse ante las fuerzas castrenses buscando derrumbar un sistema político y envilecido, con la idea de que el cambio de México se encontraba a la vuelta de la esquina. El trabajo fotográfico de Modotti enfatiza este contraste: retrata fielmente a un México que surge de las sombras revolucionarias, y que no se decide aún del todo a entrar de lleno en ‘la moderna prosperidad’.
    Antes de ‘Tinísima’, Poniatowska escribió en 1971 ‘La noche de Tlatelolco’, a la que se agregó como subtítulo ‘Testimonios de historia oral’. La distancia entre ambos libros es de una veintena de años, poco menos que la distancia entre las fechas de la muerte de Modotti y el movimiento estudiantil. Cinco de enero de mil novecientos cuarenta y dos es la fecha que marca el fin de la vida de Modotti, dos de octubre de mil novecientos sesenta y ocho es la fecha que marcó el fin de la esperanza estudiantil, al ser aplastada por las tanquetas militares.

    Charlatanería desencantada
    Si la obra de Poniatowska en torno a la matanza de Tlatelolco resuma ante todo coherencia y objetividad, la obra principal de Antonio Velasco Piña resulta verdaderamente indigesta.
    Tomando como punto de partida la figura de una edecán de los Juegos Olímpicos de México ’68 –‘Regina’-, elabora la odisea épica de una joven que se presume habría sido encontrada y educada por un Lama en el Tíbet, y que llega a México a encontrarse con los guardianes de las cuatro grandes culturas indígenas, quienes la recibirían como una emperatriz, y a quien encargarían ni más ni menos que la misión de despertar de su letargo al pueblo de México; no en balde la fecha de su nacimiento coincidió con una fecha tan providencial como el inicio de la ‘Era de Acuario’, al clausurar la ‘Era de Piscis’.
    Los recursos de que echa mano la desatada fantasía de Velasco Piña son tantos y tan burdos, que sería cansino traerlos siquiera a cuento. Su novela completa, más de medio millar de páginas –generalmente unas setecientas-, se fundamenta sobre la afirmación ‘innegable’ de que la muerte de Regina sería una especie de ofrenda o sacrificio que pondría en marcha el despertar de la nación mexicana permitiéndole entrar en una nueva era de crecimiento y madurez espiritual.
    Iniciado ya este milenio se llevó a cabo el proyecto de musicalizar tremendo argumento, invirtiéndose dinero en cantidades de ensueño –comparándola con cualquier otra obra de teatro en México- en la producción y puesta en escena de dicho musical. No tuvo el éxito esperado, sólo soportó un par de meses en escena, y nadie volvió a hablar de dicho proyecto. Las razones pueden resumirse en una sola, indiscutible y plenamente tangible: dicho despertar de la sociedad mexicana jamás se llevó a cabo. Y no porque la matanza de Tlatelolco hubiera sido una ficción o una exageración histórica, sino porque la sociedad actual ha seguido su propio rumbo y su propio ritmo, cargando con el lastre de distintas problemáticas a las que aún hoy no encontramos una solución cabal.

    México desde afuera
    La novela de Marcela del Río representa una arriesgada y bien librada empresa en el intento de retratar los sucesos políticos del México de la segunda mitad del siglo XX. Para ello se vale de personajes que, si resultan hasta cierto punto arquetípicos, logra dotar de presencia y fuerza de convicción. Tenemos las voces de un embajador mexicano y su esposa en Checoslovaquia, la voz de Cayetana -la sirvienta- que también les acompaña, y la voz del hijo de dicho embajador. En los viajes diplomáticos, que parecieran ser verdaderos viajes rituales de tlatoani precolombino, se van destrabando los distintos destinos con las distintas formas de ver lo que sucede. Por un lado, la sirvienta que se emociona al encontrar una mínima y solitaria lechuga con la que elabora un banquete más que suculento; el embajador que asiste a los juegos sucios, las zancadillas y los caprichos de los presidentes en turno; Gustavo, el hijo que busca entre abrazos y noches de licor y caricias furtivas las razones que le han llevado a seguir caminos tan distantes de sus padres, reconociéndose en los demás jóvenes checos.
    La narrativa de Marcela del Río permite pocas, poquísimas concesiones. En algunos puntos de la novela empapa las páginas de una melosidad que recuerda la prosa poética de los escritores de principios del siglo XX, en otros lados, leemos diálogos de una crudeza espantosa, como extraídos de una película documental filmada caseramente:
    ‘-¿Ya se les olvidó el zafarrancho que armaron en la escuela?
    -No fuimos nosotros quienes lo armamos, sino los reservistas que llegaron a disolver nuestra asamblea, otros cabrones como ustedes…
    Un soldado le rompe los dientes a Ricardo de un culatazo para callarlo.
    La sangre salpica al de camisa amarilla.
    -Con esto aprenderás a no hablar más de la cuenta. En el cuartel te enseñaremos a cuidar tu vocabulario.’

    Mitología y sangre
    La razón y el sentido común establecen que un estudiante carece de fuerza y presencia política, por el hecho mismo de ser un estudiante incapaz de subsistir por sí mismo, y depender en gran parte, aún, de la casa paterna. La conciencia de un pueblo que sufre, de las estructuras políticas y sociales que matan y ejecutan, de la economía que pisotea al que menos tiene y genera jugosísimos dividendos a quien se presta a oscuros manejos, incluso la apertura sexual representada por la minifalda y desaparición del sostén femenino, pudieron ser efectivamente los detonantes que fraguaron en el movimiento estudiantil mexicano ya mencionado.
    Hoy, a cuarenta y un años de distancia, podemos ver sin engaño que el movimiento estudiantil estuvo impregnado de no poco ensueño utópico. El ‘Pliego petitorio’ era efectista, y también ingenuo, casi infantil. Las marchas se sucedieron retando a un gobierno que respondió de la única manera que sabía responder: matando, ejecutando, acallando. Vemos a los diferentes grupos estudiantiles ir como ovejas al matadero, con el seso repleto de ideales revolucionarios y anhelos de mejoría social, pero también empapados de una inocencia y candor que contrasta aún más con el ordenado proceder de la fuerza militar que disparó en su contra.
    México repite su historia una y otra vez, sigue ciertos patrones conductuales innegables y será imposible deshacerse de ellos si seguimos empeñados en ver la historia como algo vergonzoso que ha de ocultarse, necesaria y fatídicamente. Y México aún no sana de aquellas heridas; avejentadas y marchitas, siguen supurando y exigiendo su cuota de justicia y re-valoración.
    Poniatowska con su lucidez, Velasco Piña con su exacerbada fantasía New Age, Del Río con su visión objetivamente poética: los tres escritores han buscado la raíz de nuestra memoria, la fuente de las nuevas mitologías, el punto donde nacieron nuestros dioses y héroes actuales. Porque seguimos olvidando que Modotti, que el presidente de la República con su comitiva, que los estudiantes masacrados, que los padres de familia que siguen buscando a sus hijos, que los atletas olímpicos y los poco más de cien millones de mexicanos actuales, somos seres humanos a quienes enlaza la misma sangre, la misma piel, los mismos huesos.
    En la parafernalia actual, y aunque a muchos pese, la figura de Díaz Ordaz ha alcanzado la categoría de verdadero villano mitológico, oscuro demiurgo que jugaba con la vida de sus contrincantes. Igual sucede con Modotti, con Kahlo, con Rivera, con Orozco, Siqueiros: todos ellos figuran en el nuevo Panteón mitológico mexicano. Cuando nos decidamos a mirar de frente nuestra historia, a enterrar honrosamente lo que haya de ser enterrado -salvaguardando aquello digno de resguardarse- estaremos un poco más cerca de conseguir hacer realidad lo que aquellos muchachos gritaban y exigían poco antes de caer abatidos por la artillería militar. Marcela del Río escribió:
    ‘-Algunos, señor Palacios, prefieren morirse en la raya. Son tercos o masoquistas, vaya uno a saber.
    -Cada quién tiene su talón de Aquiles. Para eso se le paga, para averiguarlo.
    -Es que… a pesar de las precauciones que se tomaron para que no descubrieran el lugar donde los mataron, algunos ya empezaron a hablar de la ‘matanza de Xochicalco’ y a decir que si hallaron casquillos de calibre cuarenta y cinco, que es el reglamentario del Ejército, que si las piedras ensangrentadas, que si la maleza donde los arrastraron, que si la madre…
    -Es que, no’s que, la’s que, tu’s que… Que los desmientan los otros. Todo el mundo cree lo que aparece en los diarios, mientras todos digan lo mismo, pero si se contradicen, la gente dudará hasta de que hayan existido.’

    La memoria crítica deviene en experiencia y sabiduría. La memoria displicente en olvido y confusión. México necesita, más que nunca, aprender a recordar.






    XLI LLL - 13 AGOSTO 2009 - De mitologías, matanzas y recuerdos
    Derechos reservados.

    Los derechos sobre la cabecera, tipografías, diseño, colores, perfiles de color, gráficos y fotografía de los artículos ya impresos pertenecen única y exclusivamente a El Diario NTR Zacatecas.

    Todos los derechos sobre el texto quedan reservados a su autor.

    jueves, 6 de agosto de 2009

    06 agosto 2009

    Ceguera, Nacionalismo e Historia


    Un agravio histórico
    1959. Estados Unidos de Norteamérica. Conmemorando y revalorando vida y obra de uno de los más grandes historiadores que ha surgido de esa nación, la Hispanic American Historical Review organizó un memorial en torno a la figura de William Hickling Prescott: era la conmemoración de su primer centenario luctuoso.
    Con ocasión de este evento se dictaron conferencias, se invitó a diferentes historiadores de prestigio mundial, entre ellos el historiador peruano Guillermo Lohman Villena quien con sus Notas reinterpretó el monumental volumen escrito por el historiador bostoniano en torno a la Conquista del Perú.
    Los historiadores mexicanos no fueron incluidos en tal evento. La Historia de la Conquista del Perú y la Historia de la Conquista de México se consideran, con la Historia del Reinado de los Reyes Católicos Don Fernando y Doña Isabel, verdaderos monumentos históricos escritos en el siglo XIX, y no sólo dentro de los países de habla hispana, sino también dentro de los Estados Unidos. Se consideró, por lo menos durante la segunda mitad del siglo XIX que la Historia de la Conquista de México era el mejor libro de historia escrito jamás en los Estados Unidos. Su éxito fue tal, que llegó a hacerle competencia a títulos de la talla de ‘La cabaña del Tío Tom’, alcanzando popularidad y reconocimiento no sólo de estudiosos y eruditos, sino del lector común, acostumbrado a libros con temáticas no tan especializadas.
    Juan A. Ortega y Medina comienza sus notas introductorias a la versión traducida magníficamente por José María González de la Vega con un dejo de amargura por tal agravio. ‘Por merecimiento más que propio’ México debió estar representado por algún historiador mexicano de renombre, y sólo participó un párrafo de las Notas de José Fernando Ramírez. Dicha nota no abarcó ni siquiera el total de una página completa: a México no se le permitió participar en el homenaje a quien brindara sus mayores esfuerzos por exaltar, profundizar y actualizar la historia de conquistados y conquistadores, a cambio de los cuatro volúmenes con 1762 páginas que abarca su Historia de la Conquista de México [en la edición de W. H. Munro, publicada en 1904], Prescott sólo recibió en su homenaje una misérrima hoja de papel, escrita por un solo lado.

    Ceguera e imaginación
    Prescott nació el 4 de mayo de 1796, en Salem, Massachusetts. Recibió una educación esmerada, graduándose en Harvard en 1814. Abandonó su carrera de abogado para dedicarse exclusivamente a la literatura.
    En algún momento de su juventud temprana y mientras aún cursaba sus estudios de abogacía, una costra de pan le cayó en un ojo. Los efectos de ese accidente fueron tales que le privarían de la vista de dicho ojo, debilitando con el paso de tiempo al otro. Periodos hubo en que las molestias eran tantas que le impedían realizar cualquier actividad, inhabilitándolo por completo.
    Sufriendo los altibajos de sus problemas visuales, se dio tiempo para realizar estudios e investigaciones que fructificarían diez años después con la publicación sobre los Reyes Católicos, impresa en 1837. Si tenemos en cuenta que sólo seis años después estaría dando a la imprenta su colosal Historia de la Conquista de México [1843], y que pasados otros cuatro años publicaría su Historia de la Conquista de Perú [1847], se observará que el ritmo de trabajo del historiador bostoniano era literalmente hablando, inhumano.
    Inmerso en su tiempo y en la tradición literaria surgida directamente de las más puras raíces del Romanticismo Europeo, su visión de la Historia como tal –y su visión de los libros de historia- estuvo impregnada de la descripción heroica, detallista y minuciosa, con características tomadas directamente de la novela, para lograr acercar al lector a los sujetos principales de sus libros, además de pretender situarlo con una visión muy clara y exacta ante los hechos presentados, permitiéndole obtener y fabricarse un juicio propio.
    Su obra entera fue manuscrita, para poder escribir sin ayuda de amanuenses y sin ataduras de tiempo y circunstancias, Prescott hizo uso de un utensilio práctico y a la vez ingenioso: el noctígrafo. Consistía en una carpeta adaptada para contener exactamente las hojas de papel en las que se escribiría, situando de una manera firme y cómoda una rejilla que dejaba sendos espacios de un renglón, que servía de guía para poder escribir cómodamente aún en la ausencia total de iluminación.
    Además del trabajo histórico y narrativo de William, nos encontramos ante una de las más asombrosas tareas emprendidas jamás por la memoria humana: su imaginación le permitió realizar con sus descripciones la reconstrucción fabulosa de reinos, periodos y personajes históricos que tenemos la fortuna de poder encontrar en sus libros, contando solamente con la ayuda de secretarios que le leían en voz alta. Se tiene por cierto que su memoria era prodigiosa, permitiéndole -sin mayor problema- recordar exactamente medio centenar de páginas escuchadas al finalizar cada sesión de lectura.

    Entre la Novela Romántica y la Historia Clásica
    Pesimita, estoico y puritano, Prescott trabó no obstante amistad con otro gran historiador de los asuntos mexicanos: Humboldt. Ambos se conocieron y se profesaron admiración mutua, con todo y la diferencia abismal de su carácter personal. Prescott se embebió en la reflexión filosófica, retomando la idea de la dialéctica hegeliana y la novela puramente romántica al estilo de Walter Scott, guardando distancia de los críticos de su tiempo, que veían la Conquista de México como un periodo de estancamiento, un grave tropiezo, en el afán de liberación y progreso de la sociedad mexicana. Prescott enfatiza el proceso que conlleva a la superación de tales puntos de vista, ensalzando el progreso encerrado en el devenir aparentemente caótico y falto de seguimiento que se observaba en el sinfín de escaramuzas en el Nuevo Mundo, y la lucha de Cortés al mando de sus hombres, por mantener en orden y sujeta la población de las nuevas tierras, debidas finalmente a la Corona de España. ‘Más que la lanza o la espada, es la palabra el arma decisiva de Cortés’.
    La mesura y equilibrio de su Historia no es fortuita, Prescott mismo sostenía que
    ‘el novelista tiene que ser fiel a los caracteres que dibuja y mantener el interés en la trama; el historiador tiene que proceder lentamente en el examen y descifre de sus fuentes para obtener, mediante la técnica judicial y siguiendo el trillado rastro de los eventos, un juicio imparcial’.


    De héroes y caudillos
    La capacidad de síntesis y conciliación del historiador norteamericano tuvo en el conquistador español la oportunidad idónea para alcanzarse un lugar innegable en el horizonte histórico-literario del siglo XIX. Vemos a Cortés negociando, convenciendo, enfrentándose a problemas interminables y brindándoles soluciones rápidas y prácticas, el destino histórico realizándose con la fuerza de voluntad, el temple y la decisión del español. No ahorra detalles en la descripción de los acontecimientos, que pinta al vivo con los colores más agrestes, y sin maquillaje alguno. En el capítulo VII del libro III leemos, refiriéndose a la matanza de Cholula en 1519:
    “Dióse entonces la fatal señal, el tiro de un arcabuz. En un instante asestáronse todos los mosquetes y ballestas a los infortunados cholultecas que se hallaban en el atrio, y se les dirigió una horrible descarga estando reunidos en el centro como una manada de venados” […they stood crowded together like a herd of deer in the centre].

    El episodio del inevitable encuentro entre Cortés y Cuauhtémoc es verdaderamente épico. Rescatando la observación excelente de Ortega y Medina,
    ‘El encuentro Cortés-Cuauhtémoc es choque de dos titanes; símbolos de la lucha entre dos principios, dos razas, dos culturas, dos religiones, dos contrastes (médula de todo sistema romántico que se respete). Cuauhtémoc es además, el héroe que lucha por un estilo peculiar de vida, que combate por la libertad de su pueblo, lo que le agranda románticamente a los ojos de Prescott ‘.

    Entrado ya de lleno en la narración de la conquista y caída de la Gran Tenochtitlán, Prescott ensalza el gobierno, la civilización, la organización política de los indígenas, reflexionando largamente sobre los temores y dudas que embargaron al conquistador español. Imprime en la narración de los hechos la dinámica de su propio espíritu, ensalzando las cualidades y virtudes que más le resultan simpáticas y que encuentra alternadamente en Cuauhtémoc y Cortés. Los combates son narrados con intensidad, dando paso también a la reflexión y análisis exacto:
    “Peléabase con furor por ambas partes: levantábase de los muros del palacio una nube constante de llamas y humo; y los gemidos de los heridos y moribundos se perdían en los feroces gritos de los combatientes, en el estruendo de la artillería, en el estallido de la mosquetería y en el silbido de las armas arrojadizas indias. Era el conflicto del europeo con el americano, del hombre civilizado con el salvaje, de la ciencia del uno con las toscas armas y disciplina militar del otro; y sacudiéndose los antiguos muros de Tenochtitlán al trueno del cañón, anunciaban que el destructor hombre blanco había fijado en ella su planta”.


    Del honor y de la envidia
    El libro de sobre la Historia de los Reyes Católicos abrió para Prescott las puertas celosísimas del reconocimiento europeo. Mas el libro que le encumbraría y conquistaría un lugar propio, al lado de Ranke, Burckhardt, Michelet, Humboldt y Gregorovius fue sin duda su Historia de la Conquista de México. La fama y el reconocimiento en delante jamás le abandonarían.
    Con todo, en su propio país Prescott recibió, en vida, los ataques fruto de la envidia y de la mala fe de algunos contemporáneos, el más sobresaliente de estos el pseudo-historiador –y abogado también- neoyorkino originario de Rochester, R. A. Wilson. El atrevimiento de éste llegó a tal grado que personalmente le solicitó en préstamo ‘algunos libros’ a Prescott, comentándole que escribiría una Historia de la Conquista de México a la que expurgaría de toda fábula. Y publicó en efecto ‘A new History of the Conquest of Mexico’ en 1859, plagada de inexactitudes, errores y exageraciones, y fue leída por sus contemporáneos como una violenta diatriba anticatólica y antiespañola.
    La visión de la Historia de la Conquista de México que tuvo Prescott puede haber sido superada, académicamente hablando. La exactitud, elegancia, amenidad y reflexión que encontramos en sus libros difícilmente encontrarán contrincante, aún en nuestros días. A tal punto llegó el aprecio por sus libros de historia, que eran prácticamente lectura obligada para los soldados de los dos ejércitos invasores que se ufanaron de ‘haber entrado a caballo en la sala de Moctezuma’, y pensaban en la invasión como en la ‘Segunda Conquista de México’.
    Nacionalismo neto y encendido, los invasores conocían muy bien la historia antigua del país que pretendían conquistar. Nacionalismo necio y fácil, los mexicanos hemos relegado al olvido un libro que bien debiera ser lectura obligada en aulas de instrucción básica en nuestro país. Nuestra historia en todo su esplendor, pocas veces pudo ser escrita con mayor tino. Quizá la Hispanic American Historical Review tuvo razón en no invitar a representantes mexicanos: en México, tristemente ya no se lee a Prescott. No teníamos nada qué hacer allí.

    Referencias:

    William H. Prescott, 'History of the Conquest of Mexico'. Montezuma Edition [4 vols.]. Edited by Wilfred Harold Munro, Professor of European History in Brown University and comprising the notes of the edition by John Foster Kirk. Philadelphia and London. J. B. Lippincott Company. 1904.


    • History of the Conquest of Mexico, Vol. I.
    • History of the Conquest of Mexico, Vol. II.
    • History of the Conquest of Mexico, Vol. III.
    • History of the Conquest of Mexico, Vol. IV.



    XL LLL - 06 AGOSTO 2009 - Ceguera, Nacionalismo e Historia
    Derechos reservados.

    Los derechos sobre la cabecera, tipografías, diseño, colores, perfiles de color, gráficos y fotografía de los artículos ya impresos pertenecen única y exclusivamente a El Diario NTR Zacatecas.

    Todos los derechos sobre el texto quedan reservados a su autor.

    miércoles, 5 de agosto de 2009

    A Gerardo Fernández: una respuesta.

    Estimado Gerardo:

    La cuestión de la violencia alrededor de algunos libros es delicada por cuanto dicha violencia es susceptible de poseer diferentes grados y ser abarcable desde diferentes puntos de vista.

    Mi primera observación sobre la violencia y la muerte parte de la misma autora de los libros, que se ha encargado a diestra y siniestra en cuanta ocasión se le ha presentado, de dejar claro que la muerte le obsesiona. Ante tal precedente, qué se puede esperar de un libro escrito por alguien a quien le fascina lo oscuro, lo mórbido, lo putrefacto? Esa por sí sola es una razón para estar si nó alarmados, sí plenamente interesados en lo que los hijos propios y ajenos leen, y cuidar de su lectura no como censores, sino como compañeros críticos que resuelvan sus dudas. Grave problema: los padres no leen, y con gusto le darían al niño una novela de Sade, si esta estuviera convenientemente expurgada de todo dibujo e imagen gráfica, y se encontrase perfectamente encuadernada, con pastas duras. La diferencia no es mucha, y el símil procede.

    Respecto a la cuestión científica, advierto que los padres violentan a los hijos, buscando librarse de ellos de la manera más adecuada: organizándoles tardeadas de magia científica.

    Como se puede observar al final del artículo [en la página 2], hasta una brevísima lista de referencias -2 libros- aparecen para dejar claro que se trata de ciencia... disfrazada de magia. Si tengo el mismo punto de vista que usted -como creo que lo tengo, aunque mis convicciones sobre algunos puntos específicos pueden ser absolutamente diferentes- sé que le causará desazón ver cómo los padres pretenden salvaguardar su conciencia divirtiendo a los niños, y pretendiendo que se les enseña magia 'cuando en verdad aprenden ciencia'. Esto me parece un grave error, la desilusión está a la vuelta de la esquina, y acabará pronto con la inquietud científica de todo infante.

    Y como lo solicitaba, ahora el lado 'clínico' de la cuestión.

    En el libro 'Critical Perspectives on Harry Potter' editado por Elizabeth E. Heilman se menciona en la página 19:

    The emotional tenor of object/entities appears to affect whether or not children will make accurate judgments regarding fantasy vs. reality. In general, children tend to believe erroneously, regardless of the actual status of the entity, than positively charged entities are real and negatively charged entities are unreal and that happy fantasy events are more possible to occur than frightening or angry fantasy events. Woolley states the possibility "that children's judgments about imagined entities may reflect whether or not they want the entity to appear". In relation to the Harry Potter series, children may be more likely to believe in the existence of the Marauder's Map or the Patronus than they are to believe in Lord Voldemort or the Dementors."

    Tenemos entonces que a la fantasía naturalmente inclinada al lado positivo le encasquetamos un libro donde la fantasía esta cargadamente inclinada al lado negro y hórrido. La simple ley de los signos indica que fantasía y los niños llevan la de perder en esta empresa.

    Prosiguen los autores:

    "Research also suggests that the interpersonal context within which fantasy or magical objects/entities are considered affects children's ability to distinguish accurately fantasy from reality."


    Nada queda por agregar a esto.

    Otro artículo interesante apareció el 30 de mayo del 2006, con el título Harry Potter heroine 'encourages violence in girls'.

    """As one of Harry Potter's gang, she has always shown a plucky fighting spirit.

    But now it seems Hermione Granger's willingness to take the battle against evil Lord Voldemort into her own hands is having insidious consequences of its own after being blamed for the rise of in violent crime amongst girls.

    According to leading American psychologist Professor James Garbarino, the sight of Miss Granger punching baddies in the blockbuster film encourages copycat behaviour by impressionable young girls."""


    Esto por un lado, el contrapunto -y en la misma dirección- lo lleva el sexismo que aparece a lo largo de la serie completa de libros.

    En el mismo volumen de Heilman, se lee en la página 147:

    "Hermione's knowledge is important, but it is primarily used for Harry's adventures, not her own. In the Goblet of Fire, she teaches Harry how to summon his broom, which helps him triumph in the Triwizard Tournament and escape Voldemort, but Hermione, of course, does not compete or face Voldemort herself."


    Es decir, el papel que se asigna a la mujer, o a las chicas en este caso, siempre será secundario y supeditado a la voluntad, caprichos y deseos del hombre, aunque se trate de chicos con una docena de años encima. No es esto lo que yo desearía para mi hija, en modo alguno.

    De todo esto, y para tratar de obtener un balance general que brinde algo de provecho tanto al futuro lector como a usted, Gerardo, rescato las 'Guías' que deberían observarse por los padres cuando los chicos desean leer a Rowling y su mago Potter:


    • 1. Forbidding the books is not the answer.
    • 2. Know you child.
    • 3. Recognize that the books change as the series progresses.
    • 4. Discuss the topics raised in the books.
    • 5. Help children digtinguish fantasy from reality.
    • 6. Provide an adult presence.
    • 7. Distinguish between the books and the movies.
    • 8. Respect others' beliefes and viewpoints.
    • 9. Theach about Grief.


    Más que tarea para los niños sobre la que los padres deben de estar atentos, estos puntos indican bastante trabajo para los padres mismos. 

    ¿Quién es el que puede cuidarse mejor a sí mismo? Aquel que sabe y conoce de antemano los peligros a que se expone en determinada empresa. Pero si ni los padres mismos conocen los peligros que se encontrarán en la serie completa de libros, ya es demasiado pedir que pongan en aviso a los niños y jóvenes que están a punto de embarcarse en la aparentemente divertida aventura de leer Harry Potter.

    Apostilla 6: Evangelia Apocrypha.

    Apostilla 6: Evangelia Apocrypha. Decir algo que pueda añadir o enriquecer lo ya dicho en esta entrada sería pecar de pedantería y su...