jueves, 29 de enero de 2009

29 enero 2009

Erotika Biblion

Una traducción muy acertada de ‘Erotika Biblion’ en nuestros días sería la de ‘Biblia Erótica’, y ostenta dicho título un libro concebido en 1778 cuando su autor, Honoré-Gabriel de Riquetti ‘Comte de Mirabeau’ [1749-1791], fuera encarcelado por un lío de faldas, y más específicamente, por adulterio. Sus captores le dieron por única compañía una Biblia, a cuya lectura Mirabeau se dio fervorosamente, pero buscando, analizando y criticando explícitamente los pasajes que estuviesen relacionados directa o indirectamente con el tema de la sexualidad. En esta labor de recopilación no dejó de lado ningún aspecto por más espinoso que pudiera ser: onanismo, incesto, zoofilia, nada dejó fuera de su lectura crítica y polémica de los libros sagrados.
El problema de la sexualidad como un tabú en ámbitos cristianos no es reciente, ya en épocas tempranas Tertuliano [Quintus Septimius Florens Tertullianus, c. 160- c. 220] urgía a que la enseñanza de la mitología clásica –y también la filosofía secular o ‘pagana’- se excluyese de los estudios de jóvenes y niños, por considerar altamente inmoral a la primera, y alegando en ‘De Praescriptione Haereticorum’ –respecto a la filosofía- que ‘Estas son doctrinas nacidas del ingenio hombres y demonios para los oídos ansiosos de la sabiduría secular a la que Dios llama necedad y a la que la filosofía –necedad del mundo- en su confusión misma elige.’ [Hae sunt doctrinae hominum et daemoniorum prurientibus auribus natae de ingenio sapientiae saecularis quam Dominus stultitiam uocans stulta mundi in confusionem etiam philosophiae ipsius elegit.]
Tertuliano mismo no podía ni quería prescindir del bagaje cultural, histórico y a pesar de todo, humanístico, legado de los moldes griegos y romanos clásicos. La opción que propone es simple aunque no exenta de peligro: los jóvenes cristianos deberían acercarse al conocimiento de las fuentes clásicas –mitología y filosofía inclusas- como quien recibe en prenda un veneno y sabiendo sus efectos nefastos nunca lo bebe […et erit tam tutus quam qui sciens uenenum ab ignaro accipit nec bibit.].
Mas la preocupación de la enseñanza y la moral legada a los jóvenes no es solamente asunto de los primeros escritores cristianos, ya en junio del 362 el emperador Juliano intenta reinstaurar el paganismo como religión oficial del estado, prohibiendo la enseñanza a maestros cristianos, aunque apenas un año y medio después, en enero del 364, Joviano, su sucesor, revocara dicho edicto.
La concepción de la mitología pagana como algo inmoral y pernicioso para la educación de los jóvenes permaneció inalterable hasta el Alto Medioevo, retomándose el interés por los clásicos en el Renacimiento y desempolvando la mitología y cada uno de los pasajes que la conforman, y hasta cierto punto, independizándola de la luz crítica de la moral cristiana.
La aparición de libro de Mirabeau –impreso por vez primera en 1783- coincide con la difícil situación política que vive Francia, después de las monarquías llenas de dispendio y esplendor, donde la clerecía galante se permitía alternar entre el púlpito y la corte, y donde el espíritu ilustrado y netamente ‘racionalista’ no se detiene ante nada, atacando directamente las tradiciones que no pueden soportar un análisis detallado de la razón.
Leyendo su libro, apenas en las primeras páginas encontramos ya afirmaciones que horrorizarían a cualquier clérigo, en la página 21 –por poner un ejemplo- después del análisis concienzudo de los versículos iniciales del Génesis, llegando al pasaje donde Adán da nombre a todos y cada uno de los animales de la creación, Mirabeau resalta dos hechos: el primero, que la mujer aún no ha sido creada, y segundo, que al ser Adán el único en su especie y género tendría que ser, por fuerza, hermafrodita:
‘Adam appela donc tous les animaux d'un nom que leur était propre, tant les oiseaux que les bêtes, etc.’ Jusqu'ici la femme n'a point paru; elle es incréée; Adam est toujours hermaphrodite. Il a pu croître seul et se multiplier.’ [‘Entonces Adán nombra a todos los animales con el nombre que les era propio, a las aves, bestias, etc’. Hasta este momento la mujer aún no aparece, ella permanece increada, Adán es entonces hermafrodita. Puede crearse y multiplicarse solo.]
Para arrojar un poco más de luz sobre este libro y el contexto en el que fue escrito, es necesario acudir a otros dos libros, ambos publicados en fecha más reciente.
El Dr. Ludovico Hernández escribió en 1920 ‘Les procès de sodomie aux XVIe, XVIIe et XVIIIe siècles : publiés d'après les documents judiciaires conservés à la Bibliothèque nationale’ y ‘Les procès de bestialité aux XVIe et XVIIe siècles : documents judiciaires inédits publiés avec un avant-propos’ [‘Los procesos de sodomía en los siglos XVI, XVII y XVIII: publicados a partir de los documentos judiciales conservados en la Biblioteca nacional’ y ‘Los procesos de bestialidad en los siglos XVI y XVII: documentos judiciales inéditos publicados con una introducción’]. En ambos rescata una lista de los procesos llevados contra ciudadanos acusados de caer en tales excesos, permitiéndonos observar que en los siglos inmediatamente anteriores a la aparición del libro de Mirabeau el espíritu libertino y galante de la corte distaba mucho de permitir las mismas laxitudes morales a los ciudadanos comunes.
Mirabeau mismo, con su ingenio y su intelecto admirables, su espíritu revolucionario y su personalidad de hombre de mundo, seductor y dando a la sensualidad, agente secreto y viajero constante, en fin, arquetipo del ‘hombre ilustrado’, no dejó de horrorizarse ante algunos de los aspectos más crudos y oscuros de las pasiones humanas al exclamar en el capítulo ‘Béhémah’ –referente a la zoofilia-: ‘Comment imaginer sans horreur qu'un goût aussi dépravé puisse exister dans la nature humaine, lorsqu'on pense combien elle peut s'élever au-dessus de tous les êtres animés? Comment se figurer que l'homme ait pu se prostituer ainsi? Quoi! tous les charmes, toutes les délices de l'amour, tous ses transports il a pu les déposer aux pieds d'un vil animal!’ [¿Cómo imaginar sin horror que un gusto tan depravado pueda existir en la naturaleza humana, en quien por el pensamiento ha sido elevado por sobre todos los seres animados? ¿Quién se figuraría que el hombre se pueda prostituir así? ¡Que todos los encantos, todas las delicias del amor, todos sus arrebatos pueda depositarlos ante los pies de un vil animal!]
Después de su muerte, los restos de Mirabeau fueron expulsados del Panteón de los franceses ilustres, al saberse que recibiera de Luis XVI ayuda monetaria para saldar sus deudas.
Su singular manera de ver el mundo le permitió asistir como amante a las expresiones más altas de las pasiones humanas, y como crítico mordaz e inconmovible a la observación puntual de las mismas -y algunas de sus depravaciones- en su Erotika Biblion.

Referencias:
  • Mirabeau, 'Erotika Biblion'. Edición electrónica disponible en Internet Archive.
  • Ludovico Hernández, 'Les procès de bestialité aux XVIe et XVIIe siècles: documents judiciaires inédits publiés avec un avant-propos'. Edición electrónica disponible en Internet Archive.
  • Ludovico Hernández, 'Les procès de sodomie aux XVIe, XVIIe et XVIIIe siècles: publiés d'après les documents judiciaires conservés à la Bibliothèque nationale'. Edición electrónica disponible en Internet Archive.
Derechos reservados.

Los derechos sobre la cabecera, tipografías, diseño, colores, perfiles de color, gráficos y fotografía de los artículos ya impresos pertenecen única y exclusivamente a El Diario NTR Zacatecas.

Todos los derechos sobre el texto quedan reservados a su autor.

jueves, 22 de enero de 2009

22 enero 2009

Carmina Burana

Desde su musicalización por el compositor alemán Carl Orff entre 1935 y 1936, los Carmina Burana han tenido una difusión amplísima tanto en filmes como en espectáculos audiovisuales, incluidas funciones de lucha libre e infinidad de álbumes de grupos musicales.
Actualmente se conoce con este nombre un conjunto de 119 hojas con 254 poemas reunidas en un códice que forma parte de la Bibliotheca Regia Monacensis [la actual Bayerische Staatsbibliothek], y bautizados así por Johan Andreas Schmeller, en 1847. ‘Burana’ es el hombre latinizado de ‘Beuern’ o ‘Bayer’, lugar donde se encuentra la abadía benedictina -o ‘Benediktbeuern’-, fundada en el lejanísimo 733 a los pies de de los Alpes Bávaros, y donde fueron conservados hasta su redescubrimiento en 1802. Previa a la publicación completa de Schmeller hay que resaltar también la publicación parcial de Bernhard Joseph Docen en 1806 y la de Jacob Grimm poco antes de 1844.
La fecha de su composición es incierta, aunque se tiene por más aceptada la idea de que su escritura se llevó a cabo entre los siglos XI y XIII, utilizando un latín ‘macarrónico’ -esto es, ‘impuro’- que echaba mano de términos, frases y la sintaxis del lenguaje cotidiano; también en este códice se encuentran poemas escritos en dialecto de la Media-Alta Alemania, y algunos otros fueron redactados en francés antiguo. El uso del latín en ellos no es fortuito: en esa época el latín aún era ‘lingua franca’ y podía ser entendida tanto por la población como las autoridades civiles y religiosas de la mayor parte de Europa, y el ‘metro’ empleado para versificar no era otro más que el usado en los himnos eclesiales y en el canto llano, o gregoriano.
Suelen dividirse en 6 grandes grupos, cuyos temas son: Carmina ecclesiastica [poemas con temas religiosos], Carmina moralia et satirica [poemas satíricos y morales], Carmina amatoria [poemas de amor], Carmina potoria [poemas de juerga, que incluyen también canciones de juego y parodias], Ludi [representaciones religiosas] y un Supplementum [diferentes versiones de algunos poemas con variaciones en el texto].
Pueden encontrarse entre ellos algunos poemas de Ovidio, Ausonio, Juvenal y Horacio, aunque poco más de sus dos terceras partes fueron escritas por los ‘Goliardos’, grupo de estudiantes eclesiásticos –o seminaristas tanto seculares como religiosos- que encontraban en estas composiciones el medio ideal para expresar su inconformidad a las situaciones que consideraban injustas, resaltando los excesos del clero y la nobleza, y alabando el amor y la vida campestre además de la camaradería de tabernas y posadas. Se encontraban tanto en universidades de Inglaterra, Italia, como Francia y Alemania. 
Los estudiosos aún no precisan del todo la procedencia de ese nombre, siendo tres las conjeturas más probables: la primera resalta el carácter de glotonería que identificaba a tales estudiantes [‘gula’, en latín y español], la segunda se refiere al mítico Goliat, el gigante contra quien peleó David, para acentuar su carácter de bebedores recios y empedernidos, y la más aceptada en ámbitos académicos es la que basa sus orígenes en una serie de cartas entre San Bernardo y el papa Inocencio II, donde se habla de Pedro Abelardo nombrándosele con el pseudónimo de Goliat, y creando por relación directa entre éste y los estudiantes que se adherían a las ideas de Abelardo el nombre de ‘Goliardos’.
Con todo y parecer un grupo de estudiantes fanfarrones y dados a los desmanes y la vida disipada, en el Concilio de Treves en 1227 se les prohibió tomar parte como cantores en el culto de la Misa católica, y en 1229 los goliardos participaron en los disturbios de la Universidad de París, relacionándoseles con las intrigas del legado papal de aquel entonces. El punto final de su exclusión y proscripción se dio en el Concilio de París en 1290 donde se estableció explícitamente que los clérigos 'no deben ser juglares, goliardos ni bufones', y en 1300 en un concilio celebrado en Colonia se les prohibió tajantemente orar para obtener indulgencias, y posteriormente traficar con ellas.
A pesar de que es posible identificar un alto grado de epicureismo en su visión de la vida, el pesimismo no está ausente de algunos poemas que no han perdido su vigencia, aún pasados ya 800 años desde que fueron escritos. Ejemplo de esto es el que comienza con el verso ‘Estuans interius’ y que incluyó Orff en su musicalización, en donde se retrata el fatalismo de quien se ve a sí mismo como una hoja a merced del viento, y se considera ‘ávido de placer más que de salvación, muerto en el alma y aún preocupado por cuidar del cuerpo’ [‘voluptatis avidus magis quam salutis, mortuus in anima curam gero cutis!’].
Entre los más jocosos sobresale aquel poema que tiene tintes de himno para bebedores y clientes frecuentes de la taberna: ‘In taberna quando sumus’, donde se escribe que al calor de la bebida tanto el Papa como el Rey, amén de siervos y monjas y monjes y soldados y niños y pobres y ricos, todos se hermanan a una, exponiéndose a fin de cuentas a que sus nombres no sean escritos en el libro de los justos [‘qui nos rodunt confundantur et cum iustis non scribantur’].
Mención especial merece el archiconocidísimo poema ‘O Fortuna’, que ha querido verse constantemente como una réplica a la sermonería medieval y en pleno auge en aquellos siglos.
Dejándose de lado la Providencia Divina se vuelve la mirada a la Fortuna, Emperatriz del mundo, poniendo de manifiesto lo caprichosa que suele ser, que ya puede estar a favor o en contra nuestra: ‘O Fortuna velut luna statu variabilis, semper crescis aut decrescis; vita detestabilis nunc obdurat et tunc curat ludo mentis aciem, egestatem, potestatem, dissolvit ut glaciem.’ [‘Oh Fortuna! Como la luna de cambiante estado, siempre crece o decrece; la vida detestable hoy golpea o cura según le pega en gana, la pobreza y la riqueza, disuelve como hielo’]. La figura de la Rueda de la Fortuna como un símbolo del caprichoso destino ha estado presente en la mitología de todos los pueblos, permitiéndole al hombre común jugar con el deseo y la posibilidad de que las cosas por más adversas que sean, pueden mejorar en cualquier momento, de allí que el escritor anónimo remate su poema gritando a voz en cuello: ‘Hac in hora sine mora corde pulsum tangite, quod per sortem sernit fortem, mecum omnes plangite!’ [En esta hora y sin tardanza pulsa las cuerdas vibrantes, y lo que la suerte le quita al más fuerte, ¡lloren todos conmigo!].

Referencias:
  • Edición electrónica. Schmeller. Carmina Burana, lateinische und deutsche Lieder und Gedichte einer Handschrift des XIII Jahrhunderts aus Benedictbeuren auf der K. Bibliothek zu München; (1883). Disponible en Internet Archive.

  • Edición electrónica. Breul. The Cambridge Songs; a Goliard's song book of the 11th Century. Edited from the unique manuscript in the University Library by Karl Breul (1915). Disponible en Internet Archive.
  • Edición electrónica. Grimm. Lateinische Gedichte des X. und XI. Jahrhunderts (1838). Disponible en Internet Archive.
Derechos reservados.

Los derechos sobre la cabecera, tipografías, diseño, colores, perfiles de color, gráficos y fotografía de los artículos ya impresos pertenecen única y exclusivamente a El Diario NTR Zacatecas.

Todos los derechos sobre el texto quedan reservados a su autor.

jueves, 15 de enero de 2009

15 enero 2009

Hieroglyphica
Antiquísima y cautivante, la cultura egipcia constituyó frecuentemente una fuente de inspiración para el mundo occidental, influyendo en su cosmovisión y permitiendo que una parte de su riqueza impregnase la historia, filosofía, y el arte del mundo grecorromano.Herederos directos de esas tradiciones, los hombres del renacimiento se encontraron ante un caudal inmenso de información para el que no tenían las claves. Las distintas aproximaciones a la escritura jeroglífica egipcia que nos han quedado de esa etapa histórica enfatizan el aspecto simbólico de los jeroglíficos, y hoy es posible advertir lo erróneo de varias afirmaciones y suposiciones de aquellos primeros estudiosos.
Correspondió a Jean-François Champollion el mérito de descifrar ‘científicamente’ los jeroglíficos egipcios, haciendo uso de la archiconocida piedra ‘Rosetta’, en 1822. No obstante, entre los hombres del renacimiento interesados en la escritura jeroglífica egipcia sobresale una figura que ejerció influencia notable entre sus contemporáneos, y cuyos libros fueron estudiados vehementemente incluso por Sor Juana Inés de la Cruz: Ioannes Pierius Valerianus.
Frecuentemente citado como Pierio Valeriano de Belluno [1477-1558], ha pasado a la posteridad por su obra monumental sobre los jeroglíficos egipcios cuyo título es ‘Hieroglyphica, sive de sacris Aegyptiorum aliarumque gentium litteris commentarii’ [Jeroglíficos, o comentarios de las escrituras sagradas de los Egipcios y de otros pueblos].
Concebida como una verdadera enciclopedia de símbolos, la obra contiene 58 libros distribuidos en dos tomos, y a partir de 1556 –fecha de la primera impresión por Michele Isingrino y dedicada a Cosme de Médicis- con un agregado de dos libros escritos por Celio Agustino Curione, causó tal impacto que pronto conoció traducciones completas al italiano, francés, incluso al tedesco, en sus 34 ediciones registradas. 
El tema de sus libros es amplísimo, comprendiendo animales, piedras, figuras geométricas, fenómenos de la naturaleza, atributos mitológicos e incluso expresiones corporales del hombre. El carácter eminentemente simbólico de la obra y sus distintos libros se enfatiza aún más al dedicarlos uno por uno a diferentes personajes según sus propios méritos, virtudes y cualidades, con lo que la obra termina traspasando el ámbito libresco para ofrecer ejemplos ‘vivientes’ de los símbolos y sus explicaciones contenidos en la obra.
La escritura de los ‘Hieroglyphica’ de Pierio Valeriano coincide con un momento primordial que marcaría el desarrollo posterior de los estudios humanísticos:
En este tiempo comenzó a desplazarse el interés en las obras escritas por los historiadores y filósofos clásicos como formas de aproximación al mundo –esto es, herramientas para poder comprender cabalmente los distintos fenómenos del mundo físico- hacia el énfasis de ese conjunto de obras como una interpretación personal de determinados hechos o situaciones. Es decir, nos encontramos ante los primeros ejercicios de hermenéutica humanística, dejando paso libre a la explicación simbólica de la historia, el arte y la filosofía clásicas.
No es extraño encontrar influencias de la cábala, del hermetismo como tal –y en pleno auge- en este ambiente, y tienen cabida las distintas mitologías independientemente del lugar y pueblo de que provengan, siempre y cuando puedan ser implantadas y soporten su transformación a la luz de la tradición hermética, grecorromana y cristiana.
Se comprende que por esta razón el libro XVII –por mencionar sólo un ejemplo- esté dedicado al cardenal Egidio de Viterbo [Aegidium Viterbiensis], favorito del Papa León X y asiduo estudioso de la cábala. El libro trata de la cigüeña, ‘símbolo de piedad y vigilancia’, muy acorde con la imagen casi ascética que legó este cardenal a la posteridad, y que rescatara -si bien humorísticamente- Jacob Burckhardt en su obra sobre el Renacimiento Italiano al registrar el rumor de que el cardenal ‘exponíase frecuentemente al humo del heno fresco, para acentuar el tono blancuzco de su rostro’ y que toma directamente de Jovio.
Además de la galería de hombres ilustres y las deliciosas cartas dedicatorias que aparecen antes de cada libro, los Hierogliphyca contienen una cantidad increíble de referencias cultas y extrañas costumbres desaparecidas hoy día. En el libro dedicado a Viterbo, éste contesta con una carta a Pierio comentándole que en efecto, él había saboreado frecuentemente un platillo hecho con cigüeñas asadas, y que su sabor era tan agradable y delicioso que podía afirmar sobrepasaba el sabor y la calidad de los platillos elaborados con pichones.
¿Cómo es posible que un libro fuese publicado con una carta dedicatoria y que este mismo libro incluyese ya la contestación a dicha carta?
La respuesta es simple: antes de ser impreso, el libro de Pierio Valeriano circuló muy ampliamente como un manuscrito. Debe tenerse en consideración que la obra fue escrita por él entre 1510 y 1530, y que se conserva por lo menos una copia manuscrita íntegra del libro con una asombrosa cantidad de enmendaduras, supresiones, añadiduras y correcciones hechas por el mismo Pierio Valeriano.
No ha de menospreciarse el carácter enciclopédico de esta obra. Valeriano pretendía alcanzar con su disímil e irregular interpretación de símbolos, alegorías, emblemas, figuras e imágenes, la elaboración de un discurso simbólico tan ambicioso que pudiera incluir desde los escritos de Hermes Trismegisto hasta San Agustín, donde tendrían cabida figuras tan distantes como Thoth o tan bien definidas como Claudiano. Dicho discurso, por fuerza, tendría que ser un discurso mudo, elaborado únicamente con figuras: ‘mutam quandam orationem per rerum imagines mente concipiendam’ [‘un discurso mudo para concebirse con la mente por las imágenes de las cosas’].
Nos encontramos, efectivamente, ante una explicación simbólica total del mundo conocido, intención por demás ambiciosa ya que poseería la capacidad de explicarlo absolutamente todo mediante la ordenación y colocación adecuada de una serie o sucesión de imágenes. En este sentido una figura, un gesto o una forma significaría cualquier cosa dependiendo de su contexto, y a la inversa, un conglomerado de nombres, objetos o figuras harían mención de algo unívoco, que pudiera ser una cualidad divina, una virtud, o una persona de carne y hueso.
El mismo Pierio Valeriano es un claro ejemplo de esto, al poseer una de las colecciones más amplias de nombres con los que se le reconoce y menciona: Joannis Pieri Valeriani Bellunensi, Ioannis Pierii Valeriani, Ioannes Pierius Valerianus, Giovan Pietro della Fosse, Pierio Valeriano, Bolzanio Pierio Valeriano, Pierius Valerianus, Giovanni Pierio Valeriano Bolzanio son sólo algunos.


Referencias:

• Pierio Valeriano, ‘Hieroglyphica, siue De sacris Aegyptiorum…’. Edición electrónica disponible en: Cervantes Virtual
• Jacob Burckhardt, ‘Die Kultur der Renaissance in Italien’ [1860]. Edición electrónica disponible en: Internet Archive
• Floriana Calitti, ‘Pierio Valeriano, Hieroglyphica, sive de sacris Aegyptiorum aliarumque gentium literis commentarii’ en ‘Rinascimento’. Versión electrónica disponible en: Italica
• Ferdinand Gregorovius, ‘Geschichte der Stadt Rom im Mittelalter : vom V. bis zum XVI. Jahrhundert’ [1859]. Disponible en: Internet Archive.





XI LLL - 15 ENERO 2009 - Hieroglyphica
Derechos reservados.

Los derechos sobre la cabecera, tipografías, diseño, colores, perfiles de color, gráficos y fotografía de los artículos ya impresos pertenecen única y exclusivamente a El Diario NTR Zacatecas.

Todos los derechos sobre el texto quedan reservados a su autor.

jueves, 8 de enero de 2009

08 enero 2009

Dos Utopías del Nuevo Mundo

‘No hay tal lugar’, es la traducción que hiciera Francisco de Quevedo del término Utopía, acuñado a principios del siglo XVI por Thomas More -conocido más ampliamente como Santo Tomás Moro-. La partícula negativa griega ‘ou’ hace que la traducción literal del vocablo sea más cercana a ‘sin lugar’, ‘atópico’ o ‘ningún lugar’, aunque se ha reconocido el carácter lúdico del término sugiriendo que ‘u’ también es un apócope de ‘eu’. ‘Eutopía’ significaría entonces ‘lugar bueno’, o ‘hermoso’ o ‘bello’.
Humanista y político inglés, Moro utilizó el molde griego clásico de Platón y su diálogo ‘Critias o de la Atlántida’, donde el filósofo describe minuciosamente un reino cuyas costumbres y estructuras ideales desaparecieron súbitamente en la tiniebla de la historia. De este relato mantuvo la tónica, y en su ‘De optimo statu reipublicae deque noua insula Utopia’ [‘Del óptimo estado de la república y nueva isla Utopía’, 1516] añadió constituciones políticas, una moral bien definida –que no excluía, por ejemplo, la contratación de mercenarios de otros pueblos cuando se trataba de pelear en alguna guerra- y donde hasta el trazado de calles y la ubicación de campos de cultivo se regían bajo un orden lógicamente establecido. Su descripción y explicación detallada de ese lugar y sociedad ideales resultaron tan llamativos y convincentes que apenas quince años más tarde Vasco de Quiroga estaría llevando a la práctica el primer intento de hacer realidad la existencia de una sociedad y lugar ideales, quasi perfectos, después de estudiar a fondo, y anotando minuciosamente cada página de su ejemplar de la obra de Moro.
‘Hospitales-pueblos’ se les llamó, y para comenzar desde los cimientos estaba convencido que los nativos indígenas de las nuevas tierras serían los indicados para realizar las ideas de Moro y Platón. Fundó el primero de ellos en 1531 bautizándolo con el sugerente nombre de ‘Santa Fé’, y apenas dos años después, en 1533 pondría los cimientos en la región de Michoacán, del hospital-pueblo de Atamataho. Para levantarlos no dudó ni un momento en ‘invertir’ su propio salario, y cuando fue ordenado Obispo de Michoacán en 1537 se dio con más ahínco a la manutención de estos hospitales-pueblos.
El aspecto teórico de su proyecto nos ha sido legado en la forma de las ‘Ordenanzas’ cuyo nombre completo es: ‘Reglas y ordenanzas para el gobierno de los hospitales de Santa Fe de México, y Michoacán, dispuestas por su fundador el Rmo. y Venerable Sr. D. Vasco de Quiroga primer Obispo de Michoacán’.
Los encabezados de algunas secciones de las Ordenanzas no dejan lugar a dudas del carácter práctico de su visión utópica: ‘La Agricultura, Oficio común, de que todos han de saber, y ser ejercitados en él desde la niñés’, ‘Que se ofrescan al trabajo con gran voluntad, pues será poco, y moderado, y no se escondan, ni lo rehusen perezosa, ni feamente, ni sin licencia legitima como algunos malos, y perezosos lo suelen hazer con gran infamia suya’, ‘Particular distribución de lo adquirido con las seis horas en común, según que cada uno haya menester para sí, y para su familia’. Respecto a la niñez instituye ‘La manera para ejercitar los niños en el oficio de la agricultura, que ha de ser común á todos desde su niñéz, y para que aprendan á no estar ociosos’ y ‘Que las niñas aprendan los oficios mugeriles dados á ellas’.
Aunque Quiroga concebía la implantación del modelo de estos hospitales-pueblo en el resto de las colonias españolas, siempre estuvo conciente de que para llevar esto a cabo debía partirse de cada uno de ellos, como una célula viva integrante de un organismo mucho mayor. Resulta sorprendente que a su muerte [1565] pudieran aún subsistir esos primeros hospitales-pueblos por él fundados, y que sus ordenanzas aún siguieran vigentes, hasta entrado incluso el siglo XVII, ganándole en la memoria indígena un lugar familiar y cercano: ‘Tata Vasco’ se le nombró desde entonces.
Cuarenta años después un intento semejante, aunque con más pervivencia, se llevó a cabo esta vez en las misiones guaraníes y de la mano de los jesuitas.
Conocidas como ‘reducciones’, las misiones jesuitas guaraníes [1606-1767] lograron organizar una población que para 1744 –según el censo realizado por la Compañía de Jesús antes de su expulsión en 1767- incluía 84,000 indígenas repartidos entre las distintas reducciones dirigidas por ellos.
Al cobijo de la Corona Española, su régimen fue el ‘patronazgo real’: el rey designaba un gobernador que tenía la autoridad de otorgar beneficios eclesiásticos, y también de designar sacerdotes, elegidos de una terna presentada por el obispo en turno. Se entiende que los administradores y el gobierno de cada reducción estuviera en manos de estos sacerdotes, quienes además del cuidado y la guía espiritual de los pobladores tenían una participación activa en la economía, cultura, incluso en aspectos eminentemente militares relacionados con las misiones: a cada misión se le asignaban generalmente dos sacerdotes, el primero de ellos encargado de los asuntos espirituales de la población, y el segundo –nombrado comúnmente ‘compañero’- era quien se encargaba de lidiar con las cuestiones temporales y administrativas del poblado.
La arquitectura de todos estos pueblos tenía como centro y corazón el templo, construcciones monumentales erigidas frente a la plaza principal, donde desembocaban todas las calles de la misión. Las reducciones se esparcieron por una enorme franja territorial que abarcó parte de los actuales Paraguay, Argentina y Brasil, y perduraron lo suficiente para ofrecer un claro ejemplo de la viabilidad de instaurar una organización utópica –si bien con un trasfondo fuertemente cristiano- que llevara al ennoblecimiento y cultivo de las virtudes de los pueblos recién conquistados.
La Utopía cumplirá -dentro de ocho años- cinco siglos de haber sido escrita, y aún sigue nutriendo con sus ideas y la añoranza de un paraíso terrestre, las más disímiles propuestas ideológicas y literarias. Tomás Moro supo refinar en las páginas de su libro los anhelos más universales y comunes al género humano: la búsqueda de un sentido de la vida impregnado de justicia, de razón, de entendimiento, y sobre todo, de esperanza.

Referencias:

  • Daniel Gomez Escoto, ‘La Utopía de Vasco de Quiroga’ en:
http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/utopia1.html
  • Olga Martínez Valebona, ‘Expulsión y exilio de los jesuitas de los dominios de Carlos III’ en:
http://www.cervantesvirtual.com/bib_tematica/jesuitas/misiones/aproximacion.shtml
  • Tomás Moro, ‘Utopía’, versión electrónica en castellano disponible en:
http://www.ucm.es/info/bas/utopia/html/moro.htm





X LLL - 08 ENERO 2009 - Dos Utopías del Nuevo Mundo
Derechos reservados.

Los derechos sobre la cabecera, tipografías, diseño, colores, perfiles de color, gráficos y fotografía de los artículos ya impresos pertenecen única y exclusivamente a El Diario NTR Zacatecas.

Todos los derechos sobre el texto quedan reservados a su autor.

Apostilla 5: El arte de la memoria.

Apostilla 5: El arte de la memoria. Es poco lo que puedo añadir a esta colaboración. Ambas, la del 6 y la del 13 de noviembre de 200...