jueves, 26 de marzo de 2009

26 marzo 2009

Galileo e L’Inquisizione

Con el enorme y esclarecedor subtítulo de ‘Documenti del processo galileiano esistenti nell'Archivio del S. Uffizio e nell'Archivio Segreto Vaticano per la prima volta integralmente pubblicati da Antonio Favaro Direttore dell'Edizione Nazionale delle Opere di Galieo Galilei’ [Documentos del proceso galileano existentes en el Archivo del Santo Oficio y en el Archivo Secreto Vaticano por primera vez publicados íntegramente por Antonio Favaro Director de la Edición Nacional de las Obras de Galileo Galilei] apareció en 1907 como volumen independiente este libro modesto –apenas 150 páginas- y sin embargo, esencial para comprender el proceso seguido a Galileo cuando sus escritos y enseñanzas fueron sometidos a la Inquisición.
Quien piense que en dicho libro se podrá leer una historia más o menos articulada donde la entrada y salida de personajes esté organizada con características y cualidades novelescas se llevará una decepción mayúscula: el libro es un recuento de las actas, oficios y minutas que se redactaron en las diferentes sesiones que tuvieron lugar durante el proceso, y donde aparecen todos y cada uno de los involucrados en el juicio. El orden elegido para presentar los distintos documentos es el cronológico, con las ventajas y limitantes que esto supone. Dichos documentos alternan entre el italiano y el latín, aunque se encuentran algunos escritos en francés. El prefacio es inusualmente corto: apenas siete páginas donde se esboza de manera rápida, ágil y sin referencias eruditas la vida y la obra de Galileo y los principales altibajos que se presentaron a lo largo del proceso.
El libro comienza con un Decreto fechado el 17 de mayo de 1611. Da la sensación de que asistiremos efectivamente a un evento por demás importante, la nómina, categoría y renombre de los involucrados en la constitución de ese jurado es apabullante, y se lee no sin cierto estremecimiento después de la enumeración de las distintas autoridades eclesiásticas: ‘Videatur an in processu Doct. Caesaris Cremonini sit nominatus… Galileus,
Philosophiae et Mathematicae Professor’ [Obsérvese que ya en el proceso del Doctor Cesare Cremonini es nombrado… Galileo, Profesor de Filosofía y Matemáticas]. El tono y la sintaxis empleada es intimidatoria, enfatiza hasta el límite cómo durante el juicio de herejía contra Cesare –amigo y también rival de Galileo, considerado el último exponente del Aristotelismo Renacentista en Italia quien defendía la tesis averroísta de la mortalidad del alma- iniciado en 1598 había ya aparecido el nombre de Galileo, vinculándose por asociación a ideas, enseñanzas y doctrinas erróneas, y posiblemente heréticas.
Es lamentable la interrupción abrupta de la entrada, como se mencionó, la relación de documentos no abunda en explicaciones y el siguiente está fechado cuatro años después, el 25 de febrero de 1615. El panorama ya entonces resulta por demás sombrío: ‘Fratris Nicolai Lorini, ordinis Praedicatorum, lectis literis datis Florentiae die 7a huius, quibus mittit copiam literarum Gallilei datarum Florentie die 21 Xmbris 1613 ad Dom. Benedictum Castellum, Monachum Cassinensem, Professorem Mathematicae in Studio Pisarum, quae continent propositiones erroneas circa sensum et interpretes Sacrae Scripturae; decretum ut scribatur Archiepiscopo et Inquisitori dictae civitatis, ut curent habere literas originales dicti Gallilei, et mittant ad hanc Sacram Congregationem’. [Fray Nicolai Lorini, de la orden de los Predicadores, habiendo leído las cartas dadas en Florencia el día 7 del presente, y que fuesen copias de las cartas de Galilei fechadas en Florencia el día 21 de diciembre de 1613 al Dominico Benedicto Castello, monje Cassinense y Profesor de Matemáticas en el Estudio Pisano, (ha determinado) que contienen proposiciones erróneas sobre el sentido y la interpretación de las Sagradas Escrituras; se decretó como ha sido suscrito por el Arzobispo e Inquisidor de dicha ciudad, que se tenga cuidado de hacerse de las cartas originales del dicho Galileo, y se envíen a esta Santa Congregación].
Aquí comenzaría el calvario, el mítico juicio de la religión contra la ciencia, de los dogmas de fe contra la experiencia empírica y el análisis científico. Habiendo abjurado Galileo, dieciocho años después, la alegría con que se ven ir y venir las comunicaciones y notificaciones de este suceso no puede ser matizada aunque así se intentase, por ejemplo, el 13 de septiembre de 1633 puede leerse en una de las innumerables respuestas: ‘Ricevo la copia della sentenza di cotesto S. Uff.o contro le perniciose opinioni e dottrina di Galileo Galilei intorno al movimento della terra e stabilità del sole, e l'abiure fatte dal medesimo di tutt'i suoi falsi dogmi, per servirmi di simil notitia secondo stimarò opportuno all' eseculione de' commandamenti di V. Em. ; a cui intanto humilissimamente qui m'inchino.’ [Recibo la copia de la sentencia de la contestación del S. Oficio contra la perniciosa opinión y doctrina de Galileo Galilei en torno al movimiento de la tierra y la estabilidad del sol, y la abjuración hecha por el mismo de todos sus falsos dogmas, para servirme de semejante noticia según estimo oportuno para la ejecución de los mandatos de V. Eminencia, ante quien humildemente me inclino].
La imagen digna, inquebrantable y hasta cierto punto, orgullosa, que nos ha heredado la imaginación popular poco tiene que ver con el hombre enfermo, desgastado, que llega a suplicar en términos por demás lastimeros ante el Santo Oficio: ‘Beat.mo Padre, Galileo Galilei supplica humilissimamente la S.tà Vostra a volerli commutare il luogo assegnatoli per carcere di Roma in un altro simile in Fiorenza, dove parrà alla S.tà V., e questo per ragione d'infermità, et anco aspettando l'oratore una sorella sua di Germania con otto figliuoli, a' quali difficilmente potrà essere da altri recato aiu[to] et indrizzo. Il tutto riceverà per somma gratia dalla S. V. Quam D. Alla Santità di N. S. Per Galileo Galilei. Lectum.’ [Beatísimo Padre, Galileo Galilei suplica humildemente a V. Santidad que quiera conmutarle la cárcel ya señalada en Roma por otra similar en Florencia, en donde su V. Santidad guste, y esto por motivo de enfermedad, y mientras espera el solicitante a una hermana suya de Alemania con ocho hijos, a los cuales difícilmente podría ayudar dándoles una educación y dirección. Él (Galileo) todo lo recibirá como summa gracia de V. S. y D. A la Santidad de N. S. Leído por Galileo Galilei.] Esto quedaba asentado el 30 de junio de 1633.
Documento también curioso inserto en el libro, en la página 153 aparece la primera publicación de la sentencia contra Galileo impresa en una ‘gaceta’. Redactada en francés, se encarga de dar una idea clara de cómo el Santo Oficio deseaba que se conservase la imagen de Galileo; el último párrafo, breve y conciso, no deja lugar a dudas: ‘A quoy le dit Galilée acquiesça le mesme jour, abjurant, maudissant et detestant la sus dite erreur, de voix et par escrit, dans le couvent de Minerve, et promit à genoux, la main sur les saints Evangiles, de n'aller jamais à l'encontre de la sentence sus dite.’ [A lo que el dicho Galileo asiente el mismo día, abjurando, maldiciendo y detestando sus errores dichos, de voz y por escrito, en el convento de Minerva, y prometiendo de rodillas, la mano sobre los santos Evangelios, no alejarse jamás de la sentencia dicha].
El libro de Antonio Favaro fue publicado inicialmente en las páginas 275 a 419 de la Edición Nacional de las Obras de Galileo, tomo XIX, en 1907 también, con el título de ‘Il processo di Galileo’. Y casi cuatrocientos años después de aquel proceso, poco puede añadirse al remate magnífico del Prefacio escrito por Favaro, rebosante de razón y verdad: ‘Così la storia della condanna di Galileo può scriversi ormai in tutta la sua interezza, ed è tale da non aver d'uopo né di declamazioni retoriche né di invettive per mettere in luce com'essa rappresenti, all'infuori di discussioni bizantine sopra l'autorità che l'ha pronunziata, se non il massimo, uno dei più grandi errori della Curia Romana, che essa ha scontato, e forse non ancora compiutamente, il giorno in cui dovette cancellare dall'Indice il condannato Dialogo e scrivere nei medesimi volumi dei Decreta il permesso di insegnare, sostenere e difendere la dottrina già dichiarata assurda e falsa in filosofia e formalmente eretica.’
[La historia de la condena de Galileo casi pudo haberse escrito ya en toda su entereza, y es tal que no tiene necesidad de una entonación retórica ni de de mayor inventiva para sacar a la luz cómo ella representa, en el furor de la discusión bizantina sobre la autoridad que ha sido pronunciada, si no el máximo, sí uno de los más grandes errores de la Curia Romana, que ya ha aceptado -aunque quizá aún no completamente-, el día que debió cancelar en el Índice de libros prohibidos el Diálogo condenado y escribir en el mismo volumen de Decretos el permiso de enseñar, sostener y defender la doctrina filosófica ya declarada absurda y falsa y formalmente herética.]
Referencias:
  • Galileo e L’Inquisizione: Documenti del processo galileiano esistenti nell'Archivio del S. Uffizio e nell'Archivio Segreto Vaticano per la prima volta integralmente pubblicati da Antonio Favaro Direttore dell'Edizione Nazionale delle Opere di Galieo Galilei. 1907. Edición electrónica disponible en Internet Archive
  • Página web del International Year of Astronomy 2009, sección de Proyectos especiales.

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XXI LLL - 26 MARZO 2009 - Galileo e l'Inquisizione
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jueves, 19 de marzo de 2009

19 marzo 2009

Tratado de hechicerías y sortilegios

Nacido alrededor de 1480 en Oña, cerca de Burgos, España, fray Andrés de Olmos sobresale significativamente entre las figuras más importantes de la historia de la Nueva España. Su interés en las primeras labores de evangelización, y de la educación tanto de indios como de misioneros y religiosos en la Nueva España nos ha dejado por lo menos una gramática de la lengua náhuatl –considerada la primera y escrita en 1547-; se sabe con certeza que debió escribir otra más en lengua totonaca y otra en lengua huasteca, ambas perdidas hasta el día de hoy.
Entró en la orden franciscana hacia el año 1500, cuando él contaba con veinte años de edad. La etapa que sigue a continuación la pasaría dedicado a la vida conventual y el estudio, hasta que en 1527 fue llamado por fray Juan de Zumárraga para que le ayudase en un asunto grave y delicado: la extirpación de la brujería de la Vizcaya. Para estas fechas, fray Andrés ya era ampliamente reconocido como experto en brujería y demonología. Al parecer dicha labor terminó con éxito: Zumárraga era experto en lengua vasca, y Mendieta anota que dicha labor se realizó ‘con mucha rectitud y madureza’. 
Para ayudarse en dicha empresa, de Olmos recurrió a una obra escrita en ese mismo año, por uno de sus colegas y también especialista en las ciencias diabólicas: el ‘Tratado de las supersticiones y hechicerías’ escrito por fray Martín de Castañega. Georges Baudot expresa su sospecha de la coautoría de Olmos en dicha obra, y no duda en afirmar que ambos trabajaron en consulta permanente y de mutuo acuerdo sobre el tema que les atañía: la extirpación de la brujería.
A finales de 1527 fray Juan de Zumárraga recibe la noticia de que había sido electo primer obispo de México por Carlos V, y habiendo visto la capacidad de fray Andrés, Zumárraga opta por hacerlo a la vez compañero y colaborador en la empresa que recién se le encomendaba: la evangelización de los recién conquistados, y la extirpación de su idolatría. Vemos llegando a fray Andrés el 6 de diciembre de 1528 a la antigua capital de México-Tenochtitlán. A partir de esta fecha, su estadía en las nuevas tierras se torna casi imposible de seguir, estancias prolongadas y cambios frecuentes de residencia le permiten apreciar y sopesar la cultura y los retos a que ha de enfrentarse en su tarea de extirpar las creencias erróneas e idólatras de los indígenas.
Fray Andrés de Olmos comienza a escribir su tratado en una época tan temprana como lo es 1533, y terminaría su escritura hacia 1553, poco antes de pasar a la región de la Huasteca, donde a pesar de su ya entonces avanzada edad, no cejó en empeño misionero.
Sólo se conoce un único manuscrito de este texto, mismo que radica en la Biblioteca Nacional de México, catalogado como ‘Manuscrito número 1488’ del volumen VIII de los ‘Sermones en mexicano’, folios 388r – 407v. Ya Ángel María Garibay Kintana lo analizó y revisó sucintamente, afirmando ser una ‘obra didáctica, a mi juicio la mejor que se nos transmitió en náhuatl’. Después, Roberto Moreno la describió al detalle en las páginas 101 a 106 de su ‘Guía de las obras en lenguas indígenas existentes en la Biblioteca Nacional’, publicado por la Biblioteca Nacional de México en 1966.
La disposición de los temas tratados en el libro de fray Andrés no permiten duda alguna sobre la correlación entre el libro de Castañega y el suyo: la colocación de los capítulos es la misma, salvo pequeñas divergencias de detalles y ‘algunas adiciones propias de fray Andrés’, como bien lo ha indicado Baudot. Los títulos y subtítulos de los mismos enuncian claramente qué contiene cada capítulo. Podemos leer una ‘Exortación al Indiano lector’, ‘Del templo y naturaleza, potencia y astucia del diablo’, ‘De cómo ay sacramentos en la Yglesia Cathólica y en la Diabólica execramentos’, ‘Quáles son los ministros del demonio’, ‘Cómo los consagrados al demonio pueden andar por los ayres’, ‘De los sacrificios que al demonio ofrecen sus ministros’, ‘De cómo se puede heredar la familiaridad del demonio’, por mencionar los más curiosos y llamativos.
La intención del fraile no era otorgar autoridad a aquello contra lo que luchaba y se oponía rotundamente, sus contemporáneos reconocían en él un dominio asombroso del náhuatl, a la vez que una discreción, prudencia y modestia ejemplares. Quizá influyó en su Tratado ese sentimiento de que las labores de evangelización que tantas esperanzas levantasen en el primer tercio del siglo XVI hayan hasta cierto punto fracasado: su demonio no es una deidad o entidad indígena, se trata al decir de Baudot de ‘un diablo cristiano’, que frecuentemente se acerca a un ‘diablo político’ más que a una entidad demoníaca; fray Andrés pinta en su relación de las apariciones diabólicas la figura característica de una personalidad indígena, cuando se manifiesta a los nativos su apariencia es ‘la de un señor de la nobleza aborigen de la época precolombina, vestido con la indumentaria propia tal y como aparece en los códices’.
En su intento por cristianizar a los indígenas la obra echa mano una y otra vez tanto de la Sagrada Escritura, como de historias y leyendas netamente españolas. Citando un ejemplo, en el fol. 394r escribió ‘Yequene cenca quimiztlacahuia yn Diablo ynaquique conmatiznequi yn tleyn ychtaca chioalo anoço ychtaca nemiliztli anoço yn tleyn tepanchioaz. Huel yc oquiztlacahui yn Diablo ce tlacatl tlatoani ytoca Saúl. Ynoquitocac ce çiuatl teyxcuepani ynic quilhuiz ynic quilhuiz yn tleyn ypan mochioaz yn ompa yaoc ynompa yaznequia yehuatl. Ypampa oquimonequilti Dios yn ompa yaopan huel temac omomiquili yn tlatoani yoan miequintin ymacehualhuan; yoan miec opoliuh yn intlatqui Iudiome.’ [Por fin mucho engaña el Diablo a aquellos que quieren saber cómo están hechas las cosas secretas, o aun conocer acaso el secreto de la vida, o acaso las cosas que ocurrirán más tarde. Por ello mucho engañó el Diablo a un hombre, a un rey llamado Saúl. Fue a ver a una mujer de engaños para que ella le dijera lo que había de pasarle allá en la guerra, allá donde quería ir. Por esta razón quiso Dios que allá, en la guerra, fuera muerto el rey y con él muchos de sus hombres del pueblo, y que fueran muy destruidos los bienes de los judíos.] La extraña sensación experimentada al ver nombres hebreos mezclados con el nombre castellano del Diablo, y el ritmo y la tónica netamente indígena, muestran claramente los alcances de la obra del fraile, y la importancia de su libro como un modelo ejemplar de la literatura religiosa de los primeros años de la Colonia Novohispana.
Para establecer el texto definitivo de este manuscrito, Georges Baudot se apoyó en los estudiantes del seminario de investigaciones sobre la lengua y literatura nahuas, que fundara en la Universidad de Toulouse, intentando una primera traducción al francés como resultado de las traducciones individuales de la obra hechas por los distintos estudiantes involucrados en el proyecto. Dicha traducción prosperó y fue publicada en 1979, agotándose rápidamente. Para la traducción española Baudot se sirvió de aquel primer trabajo sin dejar de acercarse una y otra vez al texto náhuatl, y tal ha sido la calidad de esa traducción terminada en mayo de 1988, que apareció en la colección de Facsímiles de Lingüística y Filología Nahuas, ostentando el número 5, en 1990.
Fray Andrés de Olmos murió el 8 de octubre de 1571, en el actual Tampico, Tamaulipas, y Georges Baudot el 28 de abril de 2002, en Toulouse, Francia. Europeos ambos, sintieron por igual el amor de la cultura y la lengua náhuatl, consagrándole a ella su estudio profundo y ardiente, y rescatando en sus escritos y obras una parte de esa historia que aún continúa corriendo por nuestras venas.





XX LLL - 19 MARZO 2009 - Tratado de hechicerías y sortilegios
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jueves, 12 de marzo de 2009

12 marzo 2009

Estudios de Historia Novohispana

Demasiado acostumbrados a pensar en la época Colonial o Virreinal de la Nueva España como una periodo de quietismo donde la monotonía sentaba sus reales, ha de tenerse en cuenta que el Virreinato como tal estuvo lejos de ser una época de paz, tranquilidad y manso transcurrir. Etapa de transculturación y germinación de la actual sociedad mexicana, los distintos aspectos rescatados en los varios y riquísimos Estudios de Historia Novohispana nos permiten atisbar la colorida y en ocasiones casi irreal vida cotidiana de la colonia.
Publicada por primera vez en 1966, los primeros números de esta serie aparecieron en espacios irregulares de tiempo, sólo a partir de 1991 su publicación sería constante e ininterrumpida, adquiriendo el notable ritmo de seis meses entre número y número.
El primero de ellos contó con un prólogo a cargo del Dr. Miguel León-Portilla, quien manifiesta con la claridad habitual que marca sus trabajos, la finalidad y razón de dicha serie: ‘[…]juntamente con la preparación de obras más extensas destinadas generalmente a publicarse en forma de libro, se ha considerado conveniente editar también una serie de anuarios en los que puedan ofrecerse trabajos más breves, artículos y ensayos, destinados a esclarecer algún punto en particular y que muchas veces podrán ser anticipo de lo que se ha encontrado a lo largo de la investigación.’ En aquel entonces la doctora Josefina Muriel se encargaba de la coordinación de la serie, y aunque sobresalen -hay que decirlo- los artículos que versan sobre oscuros y a veces inusitados asuntos pertenecientes a la esfera eclesial, poco a poco otros temas y problemáticas fueron ocupando las páginas de números posteriores. 
El gobierno español no enterró por completo la conciencia indígena, y aunque la labor titánica de los primeros evangelizadores ganaron para la Corona y el Papado nuevos fieles, las tempranas discusiones sobre la ‘naturaleza’ de los indígenas, así como la capacidad intelectual que pudieran tener no cejaron. Al contrario, sería durante la colonia que dichas cuestiones resurgirían una y otra vez en distintos altercados, publicaciones, querellas y juicios.
Ya en este primer número un artículo se ocuparía del tema: ‘Rebeliones de seris y pimas en el siglo XVIII. Características y situación’, escrito por María Elena Galaviz de Capdeville. Otros artículos fueron el que León-Portilla escribió bajo el título de ‘Significado de la obra de fray Bernardino de Sahagún’; Lino Gómez Canedo retomó una vieja querella en ‘¿Hombres o bestias? Nuevo examen de un viejo tópico’, y Josefina Muriel a su vez escribió sobre las ‘Divergencias en la biografía de Cuauhtémoc’.
La intención que se advierte en la serie es la de balancear entre vencedores y vencidos la atención que la historiografía mexicana moderna prejuiciosamente enfocó sobre los conquistadores, aproximación que buscaba contrastar al máximo la vida novohispana de tres siglos poniéndola en contrapunto respecto al movimiento independentista de 1810. Rebeliones, brujos ambulantes y profetas, mujeres que leen y judaizantes que se encierran a pecar ‘con malas mujeres en Semana Santa’, es maravillosa la vitalidad que encontramos en las colonias, y también doloroso el mestizaje, las rebeliones acalladas violentamente y los motines en pueblos hoy desaparecidos. No falta el olor conventual de chocolate y galletas horneadas, o el tufo insoportable de las insalubres minas, ni las modas importadas en el auge de la Ilustración europea que permitían a los novohispanos portar sendas pelucas y casacas.
Tampoco están ausentes intentos aislados de sociedades ‘ideales’ o ‘utópicas’, aunque pudieran ser dirigidas según la voluntad de oscuros líderes, tal como lo describe Enrique Gonzáles Gonzáles en ‘Profetisas y solitarios. Espacios y mensajes de una religión dirigida por ermitaños y beatas laicos en las ciudades de Nueva España’, publicado en el año 2007 como parte del número 36. Y si pensamos que todo gira alrededor de los tópicos de la vida cotidiana, estaremos equivocados. No escasean los estudios y aproximaciones a libros, poemas, obras de teatro; en el mismo número 36, para no ir tan lejos, se encuentra un artículo sobre ‘La formación humanística de la Iglesia en la Angelópolis’ escrito por Ernesto de la Torre Villar, y otro muy curioso de Rogelio Ruíz Gomar titulado ‘El arte maestra: traducción novohispana de un tratado pictórico italiano’. Con el tenor general de la serie encontramos además un artículo sobre la vida diaria en tiempos de sor Juana, y un estudio sobre ‘Fray Alonso de Molina y el proyecto indigenista de la Orden Seráfica’, demás del artículo de Iván Escamilla González referente a ‘La flota de la Nueva España 1630-1631. Vicisitudes y naufragios’.
No quedan fuera los temas de los límites territoriales, la creación de mapas y estudios de códices, las primeras aproximaciones historiográficas a la Conquista, o estudios estadísticos de enfermedades y pestes.
La riqueza y profundidad de los distintos artículos aparecidos en sus ya casi cuarenta números lograron que los Estudios de Historia Novohispana pudiesen adquirir con el paso del tiempo una homogeneidad sorprendente, la calidad editorial y el empeño mostrado página tras página son verdaderamente asombrosos, y el cuidado en la selección de los artículos, reseñas y ensayos que conforman cada número se ha mantenido constante a lo largo de la vida editorial de este proyecto.
Con el comienzo del nuevo siglo y nuevo milenio, la Universidad Nacional Autónoma de México se dio a la tarea de rescatar estas series -que hoy por hoy pueden considerarse parte del patrimonio mexicano- publicándolas en línea en muy cómodos archivos portátiles [PDF].
Todos y cada uno de los números están disponibles para su consulta en el portal electrónico de la UNAM, y pueden descargarse para su posterior consulta en cualquier ordenador.
Maravillosa, recia y contrastante, la historia del México Novohispano tiene en los Estudios de Historia Novohispana uno de sus más finos y elegantes representantes: rica, amena y ágil, la serie completa es algo que todo mexicano orgulloso de serlo, no debe ni puede dejar de leer.





XVIIII LLL - 12 MARZO 2009 - Estudios de Historia Novohispana
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jueves, 5 de marzo de 2009

05 marzo 2009

Magiae Naturalis

Inmersa en la trascendencia desde sus más lejanos orígenes, la capacidad inventiva del hombre le ha permitido encontrar la explicación a distintos fenómenos naturales, que atribuidos primariamente a los dioses o entidades incorpóreas, han podido ser explicados echando mano de la ciencia como tal. Y aunque pudiéramos pensar que la fascinación del hombre por lo oculto -por la magia, o por aquello a lo que no hay explicación cabal- podría mitigarse un poco debido al conocimiento alcanzado en los últimos siglos, la realidad es que esta búsqueda de lo mágico se ha mantenido intacta y sigue seduciendo incluso a hombres versados en distintas áreas, a los que no se puede juzgar de ingenuos o ilusos.
Giambattista Della Porta nació en Nápoles en 1540 y murió en 1615. Niño prodigio, a los diez años podía escribir ‘discursos memorables’ en griego, latín e italiano; a la edad de quince años ya le era reconocido su dominio del latín que hablaba con elegancia, y con tal suficiencia que equiparaba al dominio que tenía de su lengua natal. Y a los veinte años de edad lo encontramos escribiendo los primeros tres libros de la Magia Natural.
Sus años de instrucción lo vemos viajando ampliamente por Europa: Francia, Italia, España, Portugal, Alemania e Inglaterra, visitando museos, consultando infinidad de bibliotecas y relacionándose con distintos sabios, visitando los laboratorios de las Universidades más prestigiosas; todo eso confluirá después en el reconocimiento y estima que se profesó a este hombre, considerado discípulo prominente de Girolamo Cardano –matemático italiano, físico, astrólogo y aficionado a los juegos de azar- y estudioso de la obra de Arnaldo de Vilanova –médico, teólogo y reformista religioso y social que vivió en Valencia en el siglo XIII-.
Terminando sus años de viaje y estudio, regresó a Nápoles donde fue uno de los fundadores de dos Academias, la primera llamada ‘De los Ociosos’, que contrario a su nombre, reunía a los trabajadores más sobresalientes y renombrados de la ciudad, y la ‘Academia de los Secretos’, con una tendencia científica y dedicada al estudio de la Naturaleza.
Fue precisamente esta última, la Academia de los Secretos, la que lo metería en apuros al pensarse que se trataba de un grupo destinado a estudiar artes mágicas –por mucho que fueran llamadas Magia Natural-. Lo que desencadenó esta oleada de acusaciones fue efectivamente un hecho curioso: públicamente Della Porta , y quizá con la intención de maravillar a los oyentes y acarrearse más miembros para su Academia, se atrevió a hacer algunas predicciones sobre distintos asuntos –tentativamente de tipo atmosférico- y de esas predicciones hubo varias que se cumplieron. Coincidencias u ‘ojo clínico’ para esas cuestiones, la fama de tales predicciones corrió por todo el país y una verdadera turba comenzó a buscarlo, deseando consultar a Della Porta sobre el porvenir de distintas minucias monetarias, sociales, religiosas o económicas.
Las acusaciones no se hicieron esperar, hubo quien manifestó haberle oído afirmar ‘poseer el poder de manejar los elementos a su antojo, leer el porvenir como si se tratara de un libro abierto, invocar a los muertos y disponer a voluntad sobre la vida de hombres y animales’ [della Porta avait dit publiquement qu'il possédait la puissance de commander aux éléments et de lire dans l'avenir comme dans un livre ouvert, d'évoquer les morts et de disposer à volonté de la vie des hommes et des animaux].
Acusaciones graves, al científico se le ordenó acudir ante el Papa Pablo V para justificar su proceder. Giambattista marcha obediente, para establecer absolutamente ante Pablo V que dichas acusaciones se tratan más bien de falsedades de la gente envidiosa de su saber y conocimiento científico. Al parecer el Papa se dio por satisfecho con su explicación, aunque no le permitió regresar a la Academia, que siguió su propio curso el tiempo que él estuvo en la Santa Sede. Al mismo tiempo, los miembros de la Academias y Liceos de Roma se encargaban de manifestar públicamente su admiración y respeto al científico. De regreso a Nápoles Giambattista se da con más ahínco a sus estudios.
Publicada en 1589, la Magiae Naturalis Libri XX [Los XX libros de Magia Natural, y publicado en francés con el rimbombante título de ‘La Magie Naturelle ou les Secrets et Miracles de la Nature’] discurre sobre diferentes cuestiones de botánica, física, matemática. Empero, H. Daragon, el editor de la reimpresión de 1913 hecha sobre la edición francesa de 1631 no vacila un momento al afirmar que la mescolanza de temas también contiene un gran número de puerilidades, más que otra cosa por su fidelidad a las autoridades científicas y de los distintos libros que él aún respetaba, consultaba y seguía. Los títulos de algunos capítulos de esa obra despejan toda duda: ‘De cómo el amor se puede engendrar y de las cosas que retienen la virtud de los medicamentos amorosos’, ‘cómo se pueden falsificar las piedras preciosas de diversas maneras’, ‘cómo cultivar una mandrágora’, ‘sobre diferentes frutos y vinos deliciosos y medicinales’.
Con todo, Daragon ha rescatado el testimonio del lugar que Della Porta tenía entre sus contemporáneos al escribir que: ‘plus qu'aucun autre savant de son temps, il répandit le goût des sciences naturelles, auxquelles il rendit d'importants services. Il s'attacha le plus souvent à ramener à des lois générales les phénomènes alors inexpliqués et quelquefois à les expliquer par des causes naturelles; il dénonça les manoeuvres d' alchimistes charlatans et porta ses investigations sur de nombreux points de physique. On lui doit la découverte de la chambre obscure, ainsi qu'un grand nombre d'expériences d'optique très curieuses. Il a beaucoup écrit sur les miroirs planes, convexes, ardents, etc., et plusieurs auteurs lui attribuent même la première idée des télescopes’ [‘más que cualquier otro sabio de su tiempo tuvo el gusto por las ciencias naturales, a las que hizo importantes servicios, resaltando como el más entendido al aplicar las leyes generales a fenómenos antaño inexplicables y algunas veces al explicar sus causas naturales. Denunció las maniobras de alquimistas charlatanes e hizo distintas investigaciones en distintos campos de la física. Descubrió la cámara oscura, al igual que otro gran número de fenómenos ópticos muy curiosos. Escribió bellamente sobre los espejos planos, convexos, ardientes, y algunos sabios le han atribuido las primeras ideas de los telescopios’].
Figura casi olvidada en nuestros días, Della Porta se perfila como uno de los primeros hombres en buscar una explicación científica a los fenómenos naturales, y aunque puedan encontrarse en sus libros los últimos resabios de una concepción mágica del mundo y la Naturaleza, conserva para nosotros una visión del cosmos ya casi perdida.


Referencias:
  • Giambattista Della Porta, 'La magie naturelle; ou, Les secrets et miracles de la nature'. Edición con los primeros libros de la obra disponible en Internet Archive.




Xviii Lll - 05 Marzo 2009 - Magiae Naturalis

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Apostilla 5: El arte de la memoria.

Apostilla 5: El arte de la memoria. Es poco lo que puedo añadir a esta colaboración. Ambas, la del 6 y la del 13 de noviembre de 200...