jueves, 15 de enero de 2009

15 enero 2009

Hieroglyphica
Antiquísima y cautivante, la cultura egipcia constituyó frecuentemente una fuente de inspiración para el mundo occidental, influyendo en su cosmovisión y permitiendo que una parte de su riqueza impregnase la historia, filosofía, y el arte del mundo grecorromano.Herederos directos de esas tradiciones, los hombres del renacimiento se encontraron ante un caudal inmenso de información para el que no tenían las claves. Las distintas aproximaciones a la escritura jeroglífica egipcia que nos han quedado de esa etapa histórica enfatizan el aspecto simbólico de los jeroglíficos, y hoy es posible advertir lo erróneo de varias afirmaciones y suposiciones de aquellos primeros estudiosos.
Correspondió a Jean-François Champollion el mérito de descifrar ‘científicamente’ los jeroglíficos egipcios, haciendo uso de la archiconocida piedra ‘Rosetta’, en 1822. No obstante, entre los hombres del renacimiento interesados en la escritura jeroglífica egipcia sobresale una figura que ejerció influencia notable entre sus contemporáneos, y cuyos libros fueron estudiados vehementemente incluso por Sor Juana Inés de la Cruz: Ioannes Pierius Valerianus.
Frecuentemente citado como Pierio Valeriano de Belluno [1477-1558], ha pasado a la posteridad por su obra monumental sobre los jeroglíficos egipcios cuyo título es ‘Hieroglyphica, sive de sacris Aegyptiorum aliarumque gentium litteris commentarii’ [Jeroglíficos, o comentarios de las escrituras sagradas de los Egipcios y de otros pueblos].
Concebida como una verdadera enciclopedia de símbolos, la obra contiene 58 libros distribuidos en dos tomos, y a partir de 1556 –fecha de la primera impresión por Michele Isingrino y dedicada a Cosme de Médicis- con un agregado de dos libros escritos por Celio Agustino Curione, causó tal impacto que pronto conoció traducciones completas al italiano, francés, incluso al tedesco, en sus 34 ediciones registradas. 
El tema de sus libros es amplísimo, comprendiendo animales, piedras, figuras geométricas, fenómenos de la naturaleza, atributos mitológicos e incluso expresiones corporales del hombre. El carácter eminentemente simbólico de la obra y sus distintos libros se enfatiza aún más al dedicarlos uno por uno a diferentes personajes según sus propios méritos, virtudes y cualidades, con lo que la obra termina traspasando el ámbito libresco para ofrecer ejemplos ‘vivientes’ de los símbolos y sus explicaciones contenidos en la obra.
La escritura de los ‘Hieroglyphica’ de Pierio Valeriano coincide con un momento primordial que marcaría el desarrollo posterior de los estudios humanísticos:
En este tiempo comenzó a desplazarse el interés en las obras escritas por los historiadores y filósofos clásicos como formas de aproximación al mundo –esto es, herramientas para poder comprender cabalmente los distintos fenómenos del mundo físico- hacia el énfasis de ese conjunto de obras como una interpretación personal de determinados hechos o situaciones. Es decir, nos encontramos ante los primeros ejercicios de hermenéutica humanística, dejando paso libre a la explicación simbólica de la historia, el arte y la filosofía clásicas.
No es extraño encontrar influencias de la cábala, del hermetismo como tal –y en pleno auge- en este ambiente, y tienen cabida las distintas mitologías independientemente del lugar y pueblo de que provengan, siempre y cuando puedan ser implantadas y soporten su transformación a la luz de la tradición hermética, grecorromana y cristiana.
Se comprende que por esta razón el libro XVII –por mencionar sólo un ejemplo- esté dedicado al cardenal Egidio de Viterbo [Aegidium Viterbiensis], favorito del Papa León X y asiduo estudioso de la cábala. El libro trata de la cigüeña, ‘símbolo de piedad y vigilancia’, muy acorde con la imagen casi ascética que legó este cardenal a la posteridad, y que rescatara -si bien humorísticamente- Jacob Burckhardt en su obra sobre el Renacimiento Italiano al registrar el rumor de que el cardenal ‘exponíase frecuentemente al humo del heno fresco, para acentuar el tono blancuzco de su rostro’ y que toma directamente de Jovio.
Además de la galería de hombres ilustres y las deliciosas cartas dedicatorias que aparecen antes de cada libro, los Hierogliphyca contienen una cantidad increíble de referencias cultas y extrañas costumbres desaparecidas hoy día. En el libro dedicado a Viterbo, éste contesta con una carta a Pierio comentándole que en efecto, él había saboreado frecuentemente un platillo hecho con cigüeñas asadas, y que su sabor era tan agradable y delicioso que podía afirmar sobrepasaba el sabor y la calidad de los platillos elaborados con pichones.
¿Cómo es posible que un libro fuese publicado con una carta dedicatoria y que este mismo libro incluyese ya la contestación a dicha carta?
La respuesta es simple: antes de ser impreso, el libro de Pierio Valeriano circuló muy ampliamente como un manuscrito. Debe tenerse en consideración que la obra fue escrita por él entre 1510 y 1530, y que se conserva por lo menos una copia manuscrita íntegra del libro con una asombrosa cantidad de enmendaduras, supresiones, añadiduras y correcciones hechas por el mismo Pierio Valeriano.
No ha de menospreciarse el carácter enciclopédico de esta obra. Valeriano pretendía alcanzar con su disímil e irregular interpretación de símbolos, alegorías, emblemas, figuras e imágenes, la elaboración de un discurso simbólico tan ambicioso que pudiera incluir desde los escritos de Hermes Trismegisto hasta San Agustín, donde tendrían cabida figuras tan distantes como Thoth o tan bien definidas como Claudiano. Dicho discurso, por fuerza, tendría que ser un discurso mudo, elaborado únicamente con figuras: ‘mutam quandam orationem per rerum imagines mente concipiendam’ [‘un discurso mudo para concebirse con la mente por las imágenes de las cosas’].
Nos encontramos, efectivamente, ante una explicación simbólica total del mundo conocido, intención por demás ambiciosa ya que poseería la capacidad de explicarlo absolutamente todo mediante la ordenación y colocación adecuada de una serie o sucesión de imágenes. En este sentido una figura, un gesto o una forma significaría cualquier cosa dependiendo de su contexto, y a la inversa, un conglomerado de nombres, objetos o figuras harían mención de algo unívoco, que pudiera ser una cualidad divina, una virtud, o una persona de carne y hueso.
El mismo Pierio Valeriano es un claro ejemplo de esto, al poseer una de las colecciones más amplias de nombres con los que se le reconoce y menciona: Joannis Pieri Valeriani Bellunensi, Ioannis Pierii Valeriani, Ioannes Pierius Valerianus, Giovan Pietro della Fosse, Pierio Valeriano, Bolzanio Pierio Valeriano, Pierius Valerianus, Giovanni Pierio Valeriano Bolzanio son sólo algunos.


Referencias:

• Pierio Valeriano, ‘Hieroglyphica, siue De sacris Aegyptiorum…’. Edición electrónica disponible en: Cervantes Virtual
• Jacob Burckhardt, ‘Die Kultur der Renaissance in Italien’ [1860]. Edición electrónica disponible en: Internet Archive
• Floriana Calitti, ‘Pierio Valeriano, Hieroglyphica, sive de sacris Aegyptiorum aliarumque gentium literis commentarii’ en ‘Rinascimento’. Versión electrónica disponible en: Italica
• Ferdinand Gregorovius, ‘Geschichte der Stadt Rom im Mittelalter : vom V. bis zum XVI. Jahrhundert’ [1859]. Disponible en: Internet Archive.





XI LLL - 15 ENERO 2009 - Hieroglyphica
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