Ir al contenido principal

Apostilla 3: Los rollos del Mar Muerto.

Apostilla 3: Los rollos del Mar Muerto.




Una semana después de liberar el primer número de la sección, pude hacerme una idea mucho más clara del compromiso que había aceptado.
Esta colaboración adolece tres o cuatro errores evidentes, y hoy vistos en la distancia bonachona del tiempo, leo una redacción donde no acaban de cuajar algunas ideas. Con todo, algo habrá que pueda rescatarse.
La decisión de incluir no propiamente libros sino como su nombre lo indica, los famosos rollos que tanto han dado de que hablar a estudiosos de la talla del Prof. Larry W. Hurtado o los colaboradores de algunas series mayores de la casa editorial Brill, -Dead Sea Discoveries y Studies on the Texts of the Desert of Judah, por ejemplo- surgió como fruto de un interés personal en el tema, que no ha decrecido con el paso de estos años.
La literatura ‘no oficial’, esa que pareciera en momentos haber sido quirúrgicamente extirpada del colectivo y del imaginario que sería la base y sobre la que se desarrollaría el pensamiento cristiano en la época dorada de la Patrística, nos proporciona una mirada fresca y en cierto modo, inusitada de lo que fue la explosión de la prédica evangélica arraigada en los ambientes y latitudes más inesperadas.
Si atendemos a esa época de transición, a ese parteaguas que significó la vida y predicación del Cristo en las tierras subyugadas por el Imperio Romano, los rollos del Mar Muerto resultan imprescindibles para tratar de visualizar en su justa medida la radical extravagancia de aquellas comunidades que parecieran calcas de las comunidades esenias, viviendo a horcajadas entre un judaísmo ya entonces insuficiente para ofrecer una cosmovisión y siquiera una ética aplicable en el transitar cotidiano, y el mensaje mesiánico que trastocaba la tradición mosaica, devolviéndole su valor y resaltando los alcances de una tradición anquilosada y ahogada en el formulismo absurdo de la parafernalia farisaica -esa que resaltan multitud de pasajes en los evangelios canónicos-.
Este ambiente dominado por una visión farisaica de la moral y la ética es lo que el común de los creyentes identifica como la causa de la crucifixión del Cristo: un conflicto religioso con tintes y claroscuros políticos donde convergieron fuerzas y movimientos irreconciliables. Los rollos del Mar Muerto evidencian la insuficiencia de la tradición mosaica, coto cerrado que en el que no existía lugar alguno para la disidencia, donde las voces discordantes fueron obligadas a permanecer en el anonimato de esos trazos y escondidas para poder traspasar los límites de aquella temporalidad inmediata, resguardándonos al mismo tiempo un testimonio de pensamientos y visiones de un mundo alterno y apenas esbozado, así como la crítica y el comentario de los textos y los ritos que formaban parte de la idiosincrasia judía que devendría posteriormente en la tradición judeo-cristiana de la que bebe el cristianismo actual.
Por ello, en cuanto literatura los rollos del Mar Muerto enriquecen el acervo literario de la tradición judeo-cristiana, y nos permiten participar de la crítica, las discrepancias y los anhelos de quienes pensaron y creyeron que otra manera de vivir y de creer eran posibles.


Francisco Arriaga.
México, Frontera Norte.
29 de octubre de 2018.


Comentarios

Entradas populares de este blog

'Examen de conciencia' o 'Cómo despojarse de yelmo y armadura en el fragor de la batalla, y resultar ileso en el intento'.

'Examen de conciencia' o 'Cómo despojarse de yelmo y armadura en el fragor de la batalla, y resultar ileso en el intento'. 'Examen de conciencia' es, con mucho, la propuesta más arriesgada que ha presentado hasta hoy, Simitrio Quezada. Toda obra literaria -y al escribir 'toda' incluyo, efectivamente, todo lo que cabe en un todo-, está aderezada con vivencias del escritor, del creador que exprime la memoria y logra, con la esencia que brota de ese ejercicio descarnado, dar el soporte a sus personajes y dotar con un escenario a sus historias. También, cada escritor sufre y adolece sus manías, y quizá es en la búsqueda de una sublimación de tales manías, que yace el filón mismo de donde extrae el escritor en su oficio de escribano, la materia prima que utilizará en sus obras. Hay en el acto de narrar, en el ejercicio de la memoria, una chispa divina. Ya en el Edén, Adán, el hombre de barro, nombra todas las creaturas. De esta forma, toma posesión de aquel &

16 julio 2009

Una isla sin tiempo Claroscuros barrocos En los primeros siglos de la Era Cristiana, Agustín, el santo obispo de Hipona, escribió ‘si no me lo preguntan, lo sé; si me lo preguntan, no lo sé’. Hablaba de la noción del ‘tiempo’ y la idea clara que podemos tener sobre este fenómeno físico y psicológico, tan simple que todo hombre puede opinar sobre el, y tan complejo que sólo unos pocos serán capaces de penetrar hasta sus más profundas causas, desenmarañando la increíble complejidad del problema mismo. En el Barroco Europeo, época donde se fragua la ciencia moderna y también estaban a punto de morir las grandes corrientes de pensamiento clásicas, –filosofía y cosmología aristotélico-tomista- la naturaleza del tiempo ofrecía a la vez un problema y un aliciente a las grandes potencias económicas: el insoluble y oscuro problema de las longitudes era visto como la solución a distintos problemas náuticos, y la solución automáticamente situaría a cualquier país que poseyera el secreto de la me

10 septiembre 2009

Latinoamérica: entre el humo y el licor Rafael Humberto Moreno-Durán escribió en 1994 un artículo extenso donde reseñó cierto encuentro internacional de escritores y en el cual resaltaron, hieráticos e inaccesibles, Juan Carlos Onetti y Juan Rulfo. Le puso por nombre ‘Lo que puede decirse en un ágape de esfinges’. La memoria de Moreno-Durán sobre dicho encuentro es de una viva y profunda admiración: escritores que no escriben, hierofantes profanos que beben toneles de licor, encuentro de escritores que a primera vista pareciera más un desencuentro. También nos ha quedado la reseña puntual e inmediata de otro escritor, poeta y novelista: Luis Antonio de Villena. Escribió un artículo que retrata igualmente ese episodio, resaltando curiosamente a Rulfo sin dejar de mencionar, claro está, a Onetti. En su caso, el artículo escrito llevó por título ‘Juan Rulfo y el mago silencio’, y apareció en el número 687 de los Cuadernos Hispanoamericanos, publicado en septiembre del 2007. Onetti y Rulf