jueves, 10 de diciembre de 2009

10 diciembre 2009

Description de l'horloge astronomique de la cathédrale de Strasbourg


Admiración, respeto y una profunda comprensión de mecanismos, alegorías e historia, es lo que despliega Alfred Ungerer en su libro cuya tercera edición vio la luz en 1919. Más que reducirse tan sólo al asunto indicado en su título -Descripción del horologio astronómico de la catedral de Estrasburgo- el autor se detiene en los detalles que considera necesarios para que el espectador tenga una idea muy clara de lo que está viendo, y cómo ha de ver dicho horologio.

Fabricant d'horloges
Alfred Ungerer [1861-1933] fue ampliamente reconocido como industrial y fabricante de relojes para edificios. Sería su hijo Théodore quien continuaría con el oficio, aunque después de él no existan noticias sobre el destino de la familia. La fecha –siquiera el año- exacta del nacimiento de Thédore es desconocida, aunque se sabe que falleció en 1935, dos años después que su padre.
En el frontispicio de la Description puede leerse, inmediatamente después del nombre del autor, el título que ostenta orgullosamente: Fabricant d’horloges.
Horologio, o ‘reloj’ es todo mecanismo que sirve para indicar –en forma lata- el paso del tiempo. Esto implica que no necesariamente está diseñado para marcar el paso de las horas, aunque en tiempos modernos este sea el uso más general y común que se le da.
Los distintos tipos de horologios se establecen en función de su mecanismo, así puede hablarse por ejemplo, de relojes de péndulo, de cuarzo, astronómicos, atómicos, binarios, cronómetros, incluso de relojes de pulso.
La construcción y uso de relojes es muy antigua, algunos de los primeros documentados aparecieron en China en el 3er. Milenio antes de Cristo y constaban de una vara enclavada en un lugar cualquiera, donde se advertía el alargamiento de las sombras e inclinación del sol. Algunos conjuntos monumentales como Stonehenge se sabe que son relojes solares con una precisión asombrosa.
En el caso que nos ocupa -el horologio de Estrasburgo- Ungerer comienza por dar una breve reseña de la historia de la aparición documentada de los primeros horologios fabricados en el siglo XIV, dejando en evidencia cuánto debieron los primeros relojes a la vanidad de hombres, y de pueblos enteros.

Las rivalidades
Amena e interesante, la introducción que hace Ungerer a su libro merece por lo menos la transcripción intacta de los primeros párrafos, una historia de vanidades, rivalidades y también de ingenio y aprecio por las obras más excelsas de fabricación humana:

Lorsqu'en 1344, après 16 ans de travail, Jacques de Dondis eut placé sur la tour du palais des seigneurs de Padoue sa célèbre horloge astronomique, une des premières de ce genre mue par des poids, sa gloire retentit jusqu'au delà des Alpes; bientôt les princes et les villes les plus importantes de l'Europe songèrent à rivaliser avec la cité de Lombardie, et ce fut alors que la ville de Strasbourg réussit à engager un artiste étranger (on ignore son nom) qui inventa un mécanisme si admirable et si ingénieux, qu'il effaça la réputation de l'horloge italienne et fut classé parmi les merveilles du monde.

L'horloger inconnu commença son œuvre en 1352 et la termina 2 ans plus tard. Son horloge, destinée à être placée dans la cathédrale, y fut logée dans le transept méridional, qui venait d’être achevé. Quelques consoles en pierre, encastrées dans la maçonnerie du mur opposé à I’horloge actuelle, en attestent l'ancien emplacement.

“Cuando Jacques de Dondis colocó en la torre del palacio señorial de Padua el famoso reloj astronómico -impulsado por pesas y uno de los primeros en su tipo- en 1344, tras dieciséis años de trabajo, saltó a la fama más allá de los Alpes y pronto los príncipes y las ciudades más importantes de Europa sopesaron seriamente la posibilidad de competir con la ciudad de Lombardía, y fue entonces la ciudad de Estrasburgo la única capaz de contratar a un artista extranjero -de nombre desconocido-, quien inventó el mecanismo ingenioso y admirable que eclipsó la reputación del reloj italiano, colocándose entre las maravillas del mundo.
Este relojero desconocido comenzó su trabajo en 1352 y lo terminó 2 años después. Su reloj fue diseñado para colocarse en la Catedral, aunque se instaló temporalmente en el pasaje sur que recién había sido terminado. Algunos bloques de piedra empotrados en la pared de mampostería opuesta a la ubicación actual del Horologio indican su emplazamiento anterior.”

El tiempo del mundo
Pensados como parte importantísima de edificios públicos, estos horologios no se limitaban a la indicación de los distintos intervalos que conformaban el día secular. Los distintos niveles brindaban al espectador una imagen inmediata tanto de la ubicación de las constelaciones, el curso de las estaciones, las fiestas sagradas más importantes –como la celebración de la Pascua- y también proporcionaban información detallada sobre el estado de las constelaciones estelares que eran de gran ayuda para la elaboración de horóscopos y cartas astrales.
Entre los distintos elementos mecánicos que incluye el horologio y visibles hoy día, se encuentran móviles con las figuras simbólicas de los siete días de la semana, la salida y la puesta del sol, un globo celeste para indicar el tiempo sideral, un planetario, un globo lunar, un calendario civil, un calendario eclesiástico, y por si esto fuera poco, también se encuentra en el horologio una imagen de la Muerte, y una imagen del Cristo y sus Doce Apóstoles.
El mundo con sus distintos movimientos se despliega ante los ojos entrenados con una claridad apabullante, permitiendo al hombre tomar precauciones ya que el horologio facilitaba, de un solo vistazo, saber el vencimiento de plazos comerciales, y al espectador piadoso recordar la prometida existencia de una vida después de la tumba, acuciado por los retablos que también se encuentran empotrados en esa fábrica magnífica: la Creación del mundo, la Resurrección de los muertos, el Cristo juzgando al mundo, el Juicio Final, el Pecado y el Vicio, la Inocencia, un retrato de Schwilgué, otro de Copérnico y otro de Urania.

Schwilgué
La fabricación del actual reloj astronómico de la Catedral de Estrasburgo se debió a Jean-Baptiste Schwilgué [1776-1856] quien lo construyó con la ayuda de su hijo Charles, entre los años 1838 y 1843, aunque el reloj indica el año de 1842. La pericia de padre e hijo queda manifiesta cuando se constata que en 1844 ambos patentaron una máquina calculadora que utilizaba llaves, considerada como la segunda de su tipo a nivel mundial, precedida sólo por la de Luigi Torchi.
Este invento le ha valido a Jean-Baptiste un lugar en la amplia galería de personajes ilustres que preconizaron la construcción de las actuales computadoras y equipos de cálculo.
Ungerer relata en un vivo párrafo de su Descripción la magnitud que adquirió el hecho de poner en funcionamiento semejante reloj astronómico:

Les études en détail, la confection des dessins et l'exécution des mécanismes durèrent quatre années, de sorte que l'horloge put fonctionner pour la première fois le 2 octobre 1842, à l'occasion de la 10ème session du Congrès scientifique de France, qui eut lieu à Strasbourg; l'horloge fut définitivement mise en marche à l'heure de minuit du 31 décembre 1842. Pour honorer dignement l'éminent inventeur, la ville et de nombreuses corporations de métiers et autres délégations organisèrent une fête de nuit avec cortège aux flambeaux, à l'occasion de laquelle Schvvilgué fut brillamment fêté par la bourgeoisie de Strasbourg.

‘Los estudios al detalle, la elaboración de diseños y la fabricación de los mecanismos duró cuatro años, de suerte que el horologio pudo funcionar por primera vez el 2 de octubre de 1842, en ocasión de la Décima sesión del Congreso Científico de Francia, que tuvo lugar en Estrasburgo; dicho horologio fue definitivamente puesto en marcha a la medianoche del 31 de diciembre de 1842. Para honrar dignamente al eminente inventor, la ciudad y numerosos gremios y delegaciones organizaron una fiesta nocturna con una procesión de antorchas, ocasión en la que Schwilgué fue brillantemente festejado por la burguesía se Estrasburgo.’
La Descripción de Ungerer, con sus 30 páginas y sus grabados maravillosos, consiguieron preservar al mundo la historia compendiada de una de las fabricaciones más excelsas del ingenio humano, fraguada en una época donde el hombre de ciencia elaboraba utensilios a favor del hombre común, y donde a dichos hombres de ciencia se les celebraba otorgándoles el reconocimiento y dignidad que bien merecían.

Ad notanda

Agustín, el Obispo de Hipona, dejó en sus Confesiones una declaración que a los hombres actuales -mil seiscientos años después- sigue siendo familiar e innegable:

“¿Qué es, pues, el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé. Lo que sí digo sin vacilación es que sé que si nada pasase no habría tiempo pasado; y si nada sucediese, no habría tiempo futuro; y si nada existiese, no habría tiempo presente. Pero aquellos dos tiempos, pretérito y futuro, ¿cómo pueden ser, si el pretérito ya no es y el futuro todavía no es? Y en cuanto al presente, si fuese siempre presente y no pasase a ser pretérito, ya no sería tiempo, sino eternidad. Si pues, el presente, para ser tiempo es necesario que pase a ser pretérito, ¿cómo decir que existe éste, cuya causa o razón deja de ser está en dejar de ser, de tal modo que no podemos decir con verdad que existe el tiempo sino en cuanto tiende a no ser?”

En un breve pero sustancioso ensayo publicado en los ‘Anales del Seminario de Historia de la Filosofía, núm. 7’ de la Ed. Univ. Complutense de Madrid, Gemma Muñoz-Alonso López expone las razones por las cuales la ‘Ciudad de Dios’ es a la vez que una filosofía-teología, también la solución a la concepción pagana de una historia cíclica:
“La radical originalidad de la Ciudad de Dios, en cuanto justificación de su historia y su sentido, sería incomprensible sin la previa justificación y sentido de la superación de la noción de tiempo cíclico y movimiento eterno de los griegos. Nos encontramos así con dos de los conceptos nucleares que cambiarán el rumbo de la concepción de la ‘historia’ en el mundo occidental: la creación y el tiempo en el universo cristiano.’
Esta observación no es gratuita, en el mismo ensayo encontramos a un Agustín que en su afán de encontrar un sentido a la historia, termina resaltando la Sempiterna Sabiduría del Creador y la efímera vida del hombre. Muñoz-Alonso López añade:
“Desde estas consideraciones san Agustín se enfrenta a la problemática de una medición del tiempo, pues ha de ser medido 'cuando pasa', en el instante indivisible e inextenso del presente. El tiempo, entonces, 'va de lo que aún no es, pasa por lo que carece de espacio y va a lo que ya no es'. El tiempo histórico, el tiempo 'integral' como lo llama J. Guitton, es, pues, casi inaprehensible, aunque sea el eje sobre el cual gira la historia universal.”
La visión plural de los hombres permitió que Agustín se cuestionara sobre el sentido último de la historia y de la vida y el tiempo humanos, mientras esas mismas preocupaciones –cómo medir el paso del tiempo- levantaron obras magníficas, el Horologio de Estrasburgo entre ellas. El elemento divino embebido en el hombre le hace a la vez advertir su pequeñez, y festejar la grandeza de un intelecto que nos ha sido misteriosamente dado en préstamo.





LVIII LLL [a II No VIII] - 10 DICIEMBRE 2009 - Description de l'Horloge Astronomique
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