jueves, 3 de diciembre de 2009

03 diciembre 2009

La muerte y la brújula

Además de tener en común el lugar geográfico donde se desarrollan ambas historias, ‘La muerte y la brújula’ y ‘El sur’ comparten otra circunstancia: el intento de suicidio que Borges no llegó a realizar.
En el mes de febrero de 1935 el entonces joven Borges compra un revólver, y dirige sus pasos hacia el hotel ‘Las Delicias de Adrogué’, donde su familia solía veranear continuamente.
Sólo es posible hacernos una idea de la angustia que terminó imponiéndose a la voluntad por medio de los cuentos en los que relata de una manera transfigurada su intento fallido, y los pensamientos sombríos que rodean dicho momento de su vida.

Los suicidios
Entre los leitmotivs de la obra de Borges que son ampliamente conocidos destacan los libros, espejos, laberintos, sueños, el infinito, la eternidad, el doble y/o ‘el otro’.
El suicidio como tal, parece permutado: es una decisión que sigue tomándose por deseo propio, pero que busca su ejecución a través del otro. El autor intelectual del crimen es también la víctima del crimen. Ejemplo de ello lo encontramos en los cuentos ‘Tema del traidor y el héroe’, ‘Abejacán el bojarí muerto en su laberinto’, y también en ‘La muerte y la brújula’. Sus personajes principales saben que marchan a una muerte segura, desenlace forzoso de una historia enigmáticamente predeterminada desde tiempos inmemoriales.

Policías y bibliotecarios
El cuento policíaco sirvió a Borges como una herramienta insuperable para la experimentación y la exploración argumental. Sus reflexiones científicas, metafísicas, filosóficas, teológicas e incluso antropológicas se embebieron en los textos con tanta naturalidad que incluso aquellos libros inventados y jamás escritos terminan por tener una presencia –y consistencia intelectual- tan fuerte como los volúmenes impresos en papel que conforman cualquier biblioteca.
La razón de esto puede encontrarse en el caso mismo de Borges.
El 12 de septiembre de 1933 apareció el primer número de la ‘Revista Multicolor’ del diario ‘Crítica’ que se entregaba los sábados junto con el periódico y que recién Borges comenzaba a dirigir. Natalio Félix Botana, el director del diario deseaba que sus periodistas fueran ‘cultos’, y se encargó de agrupar a algunos de los intelectuales más notables del momento, entre ellos Roberto Arlt, Carlos Mastronardi y Pablo Rojas Paz.
Exigió también a los colaboradores que entregaran un artículo cada quince días, oportunidad que dio a Borges la posibilidad de publicar algunos de sus primeros cuentos, críticas de libros y algunas traducciones de sus autores favoritos.
El trato constante con colaboradores, periodistas, y el mundillo editorial de los diarios permitió a Borges conocer y practicar la nota periodística, exigiéndole además el mantener un alto y constante nivel de calidad en los textos que escribiera en ese entonces.

El tiempo y el laberinto
En los primeros párrafos del cuento se lee una referencia esclarecedora: ‘la tesis de que Dios tiene un nombre secreto, en el cual está compendiado (como en la esfera de cristal que los persas atribuyen a Alejandro de Macedonia) su noveno atributo, la eternidad -es decir, el conocimiento inmediato de todas las cosas que serán, que son y que han sido en el universo.'
La afirmación de la eternidad aparentemente lleva a la invalidación de los laberintos: todo laberinto será resuelto tarde que temprano, siempre y cuando el plazo de tiempo de que se disponga para solucionarlo sea infinito.
Es en este momento donde Borges encuentra en la concepción del tiempo según Hume el punto de partida de lo que serían algunos de sus cuentos más memorables: no se trata de un todo continuo sino de una sucesión de instantes.
Las implicaciones de esto causan vértigo, cada hombre sería muchos hombres, la personalidad surgiría como la suma de una cantidad indefinida de sucesos determinados y la conciencia humana como tal se hermanaría -hasta el punto de confundirse- con la memoria.
Teóricamente la posibilidad de que exista un laberinto sin solución o laberintos lineales donde no existan recovecos ni caprichosos giros, fragua en la escritura de un cuento que es también un laberinto, y un mapa y una explicación del mundo.

De docta ignorantia
Erik Lönnrot, uno de los protagonistas, comienza educándose: Treviranus –el comandante de Erik- llama ‘mamotretos’ a los libros que el asesinado Yarmolinsky escribiera, por lo que se cierra a todo intento de comprensión. Sus motivos son claros: le interesa atrapar al asesino, y nada más.
Lönnrot aventaja a Treviranus ya que desea comprender los motivos que tuvo el asesino, y presiente que encontrar las causas de esos motivos es de alguna forma encontrar los efectos consiguientes, situación que teóricamente le permitiría adelantarse al asesino y sus planes.
No obstante, Scharlach también debe instruirse y al igual que su cazador, ha de conocer los terrenos sobre los que ha de desarrollarse su destino compartido:
‘A los diez días yo supe por la Yidische Zeitung que usted buscaba en los escritos de Yarmolinsky la clave de la muerte de Yarmolinsky. Leí la Historia de la secta de los Hasidim; supe que el miedo reverente de pronunciar el Nombre de Dios había originado la doctrina de que ese Nombre es todopoderoso y recóndito. Supe que algunos Hasidim, en busca de ese Nombre secreto habían llegado a cometer sacrificios humanos… Comprendí que usted conjeturaba que los Hasidim había sacrificado al rabino; me dediqué a justificar esa conjetura.’
Por más que Borges dijera por boca del redactor de la Yidische Zeitung –miope, ateo y muy tímido- que el cristianismo es otra de las supersticiones judías, vemos que el conocimiento y uso de la tradición judeo-cristiana le sirvieron bastante bien al escritor argentino para la escritura de este cuento, matemáticamente perfecto.

Los desenlaces
La facultad que permite a una brújula ser útil en un laberinto tiene que ver directamente con la elaboración netamente humana de los mapas, entendiendo por ‘mapa’ la representación estilizada, simbólica e inmediata de una región geográfica que puede ser tan pequeña como una habitación o tan extensa e intrincada como un país y sus diferentes distritos o demarcaciones.
La brújula que aparece en el cuento se transforma en trampolín desde donde la apreciación meramente espacio-temporal de ciertas circunstancias cede invariablemente ante la convicción de que algo ya predeterminado en la eternidad seguirá realizándose sempiterna e invariablemente, la brújula que se utiliza continúa señalando un obsoleto norte geográfico y su principal virtud es la de permitir el despliegue de una multiplicación de direcciones que convergen en otro punto, aquel que sólo Lönnrot puede desentrañar, ya que ambos poseen las mismas claves de los asesinatos misteriosos. El último laberinto, el más estilizado de todos, resulta ser una línea: nuestra guía es entonces la matemática, sublimación de los conceptos humanos, y ya no la aguja de la brújula.
‘…Scharlach, cuando en otro avatar usted me dé caza, finja (o cometa) un crimen en A, luego un segundo crimen en B, a 8 kilómetros de A, luego un tercer crimen en C a 4 kilómetros de A y de B, a mitad de camino entre los dos. Aguárdeme después en D, a 2 kilómetros de A y de C, de nuevo a mitad de camino. Máteme en D, como ahora va a matarme en Triste-le-Roy.’
Lönnrot experimenta una súbita y escalofriante revelación: el juego de Scharlach era artificioso y elaborado, la solución y vía alterna que él mismo propone es más simple, aunque el resultado seguirá siendo el mismo: morir a manos de Scharlach. Sólo entonces sabe que el papel predestinado de Scharlach es el de ser su ejecutor, y a él le corresponde seguir siendo ejecutado, in saecula saeculorum.
El postulado de Borges que considera la vida del hombre como un fenómeno biológico que terminará inexorable y sempiternamente en la muerte, tiene en la aguja metálica de la brújula un símil difícilmente refutable: de la misma forma que in aeternum la brújula -al menos en esta tierra y en este tiempo- siempre apuntará hacia el norte, el hombre buscará realizar su destino… cuando es el destino mismo el que se encarga de moldear al hombre.

Ad notanda

Martín Gardiner, en un artículo publicado en su libro ‘Nuevos rompecabezas mentales’ -México, 1991- rescata un método práctico para la resolución de laberintos, propuesto ya en 1882 por Edouard Lucas. Citando literalmente, su opinión es la siguiente:
‘¿Existe un procedimiento mecánico -un algoritmo, para usar un término matemático- que solucione los laberintos, incluyendo los que están conectados en forma múltiple, con circuitos cerrados que rodean la meta? Lo hay, y su mejor formulación se da en el libro de Edouard Lucas "Recréations mathématiques" (volumen 1, 1882). Conforme camina a través de un laberinto, dibuje una línea en un costado del camino, digamos a la derecha. Cuando llegue a una nueva unión de caminos, tome el que desee. Si al caminar a lo largo de un sendero, regresa a una unión que previamente ha visitado, o llega a un callejón sin salida, dé la vuelta y regrese por donde llegó. Si al caminar a lo largo de un camino anterior, ya recorrido (un camino marcado sobre la izquierda), llega a una unión ya visitada, tome un nuevo camino, si uno está disponible; de otra manera tome uno de los viejos caminos. Nunca entre a un camino que esté marcado por ambos lados.’
Evidentemente, nos encontramos retrasados respecto a los laberintos casi metafísicos que propone Borges. La topología clásica permite a Lucas, en la página 46 de su libro, afirmar:
“Cela posé, nous allons démontrer que ce point mobile peut décrire successivement toutes les lignes du réseau, sans saut brusque, et sans passer plus de deux fois sur chacune d'elles. En d'autres termes, un labyrinthe n'est jamais inextricable.” [Sopesando esto, vamos a demostrar que un punto móvil puede describir sucesivamente todas las líneas de una red sin saltos bruscos, y sin pasar más de dos veces sobre cada una. En otras palabras, un laberinto jamás es inextricable.]
Hoy sabemos, gracias a Borges, que el laberinto, el espejo y los sueños, sólo son algunas representaciones, moldes o formas que poseemos los hombres para intentar aprehender el sentido último de esa palabra curiosa: inextricable.




LVII LLL [A II No VII] - 03 DICIEMBRE 2009 - La muerte y la brújula
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