jueves, 1 de octubre de 2009

01 octubre 2009

Las noches de Borges

Borges habló alguna vez de un testamento. Tendría forma de libro, y lo compondrían las siete conferencias que dictara en 1977. Summa perfecta de sus obsesiones, Siete noches –además de ser tal testamento- también fue el ancla que le sirviera para hacer frente a la tempestuosa época de enfermedades y depresión que viviera en ese entonces; sus conferencias resultaron ser la vigorosa síntesis de su obra y pensamiento, resonador minucioso de los temas queridos que aparecen una y otra vez a lo largo de su producción literaria incluyendo conferencias previas, así como poemas, ensayos y cuentos. Se trata de una obra perfecta, ciclo armónico que puede iniciar y terminar en cualquiera de sus siete textos, donde juega con el orden del universo y estimula la curiosidad del lector –y originalmente, del oyente- hasta deslumbrarlo con esa sombra llena de colores que él confesó alguna vez es la ceguera.
Nadie como él pudo hablar de la noche, de la visión desterrada de los globos oculares, de las pesadillas, los laberintos y los espejos. Si alguien puede ostentar el título de Especialista en la Noche, era él: Jorge Luis Borges.

El libro, los temas
El libro no se contenta con ser una mera versión estenográfica de las conferencias. Borges detalló cada una, revisándola a fondo, y sobre todo quitando lo superfluo, las muletillas inherentes a todo discurso hablado. Le ayudó en esta empresa Roy Bartholomew, a quien Borges encomendó buscar el material ya publicado, y confrontarlo con las cintas de audio, tomadas al vivo. El trabajo fue arduo: consistía en leer línea por línea y repetir innumerables veces cada párrafo hasta darle la forma que Borges consideraba más adecuada. Después, cada conferencia era vuelta a leer y sometida a la atención, apreciación orgánica y crítica del escritor, quien no escatimó ninguna corrección y no dejó pasar una sola errata.
Lo primero que se advierte al escuchar las conferencias tal como fueron grabadas, y después al leer la versión escrita, es la magistral utilización de ambos medios y formas. Los discursos hablados son tan intrincados, complejos y a la vez espontáneos y diáfanos, que parecieran ser la lectura de un guión y no el resultado de una reflexión detallada sobre cada tema abordado. Y la lectura del texto no descuadra dentro del conjunto de sus obras: encontramos el mismo estilo que puede hallarse en sus ensayos y cuentos más elaborados.
Los temas habían sido elegidos cuidadosamente por el escritor, y aunque el sexto fue reemplazado –magistralmente, qué duda cabe- a última hora, hoy día nadie puede imaginar ausente de esa serie la maravillosamente enigmática conferencia sobre La Cábala.
Para hacernos una idea más exacta de la cósmica dimensión de aquellas conferencias, baste mencionar que la inaugural versa sobre La Comedia, de Dante, y la final, sobre La ceguera, como si se tratase de un libro donde a la visión exaltada de lo supernatural siguiera por fuerza la aniquilación del atrevido espectador.
Las pesadillas también fueron incluidas, y con ellas El Budismo, La Poesía, y Las mil y una noches. Dentro de cada conferencia Borges coloca, deleitándose en ello, las citas de una monstruosa cantidad de libros y referencias, jugando con su bagaje de erudito y haciendo amenas e interesantes cada una de sus participaciones, que conquistaron rotundamente la atención e intelecto de los asistentes.

Lector in fabula
La obra de Borges sigue teniendo influencia no sólo en los medios netamente literarios, sino que ha traspasado los umbrales de los libros para ser considerado un precursor intelectual de lo que actualmente es el Internet. Umberto Eco profesa una admiración confesa por el escritor argentino, prueba de ello es que no dudó en citarlo y parafrasearlo al inicio de El Péndulo de Foucault.
Se reconoce que algunos cuentos suyos, como La Biblioteca de Babel ilustran a la perfección la paradoja de los conjuntos infinitos, y la visualmente prodigiosa geometría fractal; incluso, ‘El jardín de los senderos que se bifurcan’ ha sido visto como una verdadera traducción literaria de trabajos como los de Hugh Everett III y su Relative State Formulation of Quantum Mechanics [Formulación del estado relativo de la mecánica cuántica], publicado como tesis doctoral en 1957. El cuento de Borges data de 1941.
En la primera conferencia, donde Borges pasea al lado de Dante y Virgilio a través del Infierno, el oyente-lector se encuentra ya con el postulado que desarrollará Eco en su ‘Lector in fabula’ publicado en 1979, donde considera que el papel del lector en la elaboración de cualquier texto es primordial, indispensable.
“Conocemos profundamente a Dante por un hecho que fue señalado por Paul Groussac: porque la Comedia está escrita en primera persona. No es un mero artificio gramatical, no significa decir “vi” en lugar de “vieron” o de “fue”. Significa algo más, significa que Dante es uno de los personajes de la Comedia. Según Groussac, fue un rasgo nuevo. Recordemos que, antes de Dante, San Agustín escribió sus Confesiones. Pero estas Confesiones, precisamente por su retórica espléndida, no están tan cerca de nosotros como lo está Dante, ya que la espléndida retórica del africano se interpone entre lo que quiere decir y lo que nosotros oímos.”
Borges termina con una afirmación que enfatiza el hecho del habla y la escucha. Esto no es gratuito, en la siguiente conferencia, donde trata de ‘La pesadilla’, prosigue con su análisis de la Comedia y de paso puntualiza:
“Ahí está Homero, espada en mano; ahí esta Ovidio, está Lucano, está Horacio. Virgilio le dice que salude a Homero, a quien Dante tanto reverenció y nunca leyó. Y le dice: honorate l’altissimo poeta. Homero avanza, espada en mano, y admite a Dante como el sexto en su compañía. Dante, que no ha escrito todavía la Comedia, porque la está escribiendo en ese momento, se sabe capaz de escribirla.”
Estamos ante el escritor que escribe, ante el lector que lee, ante el interlocutor que habla y oye: el presente de Dante es también el presente de Borges y el presente de todo lector que se atreve a leer La Comedia. Este presente inmerso en la eternidad continuará vigente, aunque hayan pasado todos los siglos del mundo, aunque la eternidad caleidoscópica nos borre de una sola vez y no comprendamos los mecanismos ocultos de esa fábrica sobrehumana: “Si Dante hubiera coincidido siempre con el Dios que imagina, se vería que es un Dios falso, simplemente una réplica de Dante: En cambio, Dante tiene que aceptar ese Dios, como tiene que aceptar que Beatriz no lo haya querido, que Florencia es infame, como tendrá que aceptar su destierro y su muerte en Ravena. Tiene que aceptar el mal del mundo al mismo tiempo que tiene que adorar a ese Dios que no entiende.”

La ceguera
Íntima y desgarradora, la conferencia que cierra el ciclo humaniza para siempre al escritor casi ciego. Confiesa que echa de menos algunos colores, el rojo y el negro, principalmente, y lamenta no haber heredado el valor de los suyos. ‘Al rojo lo veo como un vago marrón. El mundo del ciego no es la noche que la gente supone. En todo caso estoy hablando en mi nombre y en nombre de mi padre y de mi abuela, que murieron ciegos; ciegos, sonrientes y valerosos, como yo también espero morir. Se heredan muchas cosas (la ceguera, por ejemplo), pero no se hereda el valor. Sé que fueron valientes.’
La ironía que envuelve el descubrimiento de su ceguera es ampliamente conocida: coincide con su nombramiento como Director de la Biblioteca Nacional. Escribe entonces el Poema de los dones, y recuerda que Groussac fue director de la Biblioteca y también fue ciego. Mas el destino, enigmático y espléndido, le ofrecería después otro dato escalofriante, confirmación innegable de su destino casi predestinado: ‘Ignoraba entonces que hubo otro director de la Biblioteca, José Mármol, que también fue ciego. Aquí aparece el número tres, que cierra las cosas. Dos es una mera coincidencia; tres, una confirmación. Una confirmación de orden ternario, una confirmación divina o teológica. Mármol fue director de la Biblioteca cuando ésta estaba en la calle Venezuela.’
Borges no se deja vencer. Emprende en esas mismas fechas el estudio del anglosajón y no deja de escribir libros, esta vez, acuciado por las ansias de recuperar el idioma que hablaron sus antepasados, cincuenta generaciones atrás.
Carpetazo inesperado al asunto de las confesiones personales, poco después afirma que la ceguera es, sobre todo, ‘un estilo de vida de los hombres’. Y retomando el asunto principal de su conferencia, deja el terreno de las confesiones para llegar a la reflexión en torno a Homero.
Nos comparte una hipótesis ‘curiosa’, según Wilde la ceguera de Homero sería más que nada una exigencia impuesta por la tradición: se quería con ello resaltar el aspecto ‘hablado’ sobre el aspecto ‘escrito’ de la poesía. Borges advierte que no considera tal hipótesis netamente ‘histórica’, y pone en duda la existencia de un Homero. ‘No sabemos sí Homero existió. El hecho de que siete ciudades se disputaran su nombre basta para hacernos dudar de su historicidad. Quizá no hubo un Homero, hubo muchos griegos que ocultamos bajo el nombre de Homero. Las tradiciones son unánimes en mostrarnos un poeta ciego; sin embargo, la poesía de Homero es visual, muchas veces espléndidamente visual; como lo fue, en menor grado desde luego, la poesía de Oscar Wilde.’
La sensibilidad de Borges se agudiza, si es que esto es posible. Hablando de otro ciego, Milton, consigue que el lector sea partícipe de ese mundo poblado de sombras: ‘Milton tiene un soneto en el que habla de su ceguera. Hay una línea que se ve que está escrita por un ciego. Cuando tiene que describir el mundo, dice: “In this dark world and wide”, “En este mundo oscuro y ancho”, que es precisamente el mundo de los ciegos cuando están solos, porque caminan buscando apoyo con las manos extendidas.’

La voz y la letra
Treinta y dos años han pasado desde que Borges dictase aquellas magníficas conferencias, en el Teatro Coliseo, de Buenos Aires. Se dice que aún entonces el nerviosismo previo su aparición en público se mantenía intacto, y solicitó una botella de buen vino. Terminando de beber su copa, la tranquilidad se posó sobre él, y comenzó a compartir con los oyentes aquello de lo que sabía hablar, aquello para lo que había vivido: libros, y las historias contenidas en los libros. Literatura.
‘La ceguera es un don. Ya he fatigado a ustedes con los dones que me dio: me dio el anglosajón, me dio parcialmente el escandinavo, me dio el conocimiento de una literatura medieval que yo habría ignorado, me dio el haber escrito varios libros, buenos o malos, pero que justifican el momento en que se escribieron. Además, el ciego se siente rodeado por el cariño de todos. La gente siempre siente buena voluntad para un ciego.’
Esto lo decía casi al final de su séptima, la última conferencia de este ciclo. Y un par de años después, trabajando con Bartholomew, se permitió afirmar, una vez que el libro estuvo listo: ‘“No está mal; me parece que sobre temas que tanto me han obsesionado, este libro es mi testamento”.
Más que el testamento de un ciego, Siete noches en su forma actual puede leerse como la guía máxima para quien se ha acercado a la obra de este magnífico y ya mítico escritor: es el mapa de su universo, en el que nosotros, lectores, también estamos insertos.


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Todos los derechos sobre el texto quedan reservados a su autor.

3 comentarios:

Ernesto Cisneros-Rivera dijo...

Delicioso artículo, Francisco.

Felicidades, una vez más, y gracias por tus aportaciones que sirven como un respiro en este México cada día más convulsionado.

Y que viva Borges, por supuesto.

Un gran abrazo.

Francisco Arriaga dijo...

Ernesto, gracias por la visita y el comentario.

Servirá de algo confesar que este artículo requirió reunir valor suficiente durante casi un año, antes de escribirlo?

Siete noches fue la primer obra que leí de Borges. Es decir, con el escritor argentino comencé al revés, primero estas conferencias, luego sus cuentos y poesías ensayos. Comentando con Simitrio Quezado, el avezado editor de estos menesteres, compartí que me sentía 'como quien riza el rizo'... sobre Borges ya todo está dicho, y él mismo se encargó de dejar dicho casi todo. Así que, al igual que en los otros números, no pretendo dar reseñas, sino 'picarle las costillas' al lector, con la esperanza de que se atreva a gustar y degustar libros y autores como éste, quien escribió adelantándose a su tiempo, y conformando una obra que es piedra de toque, de la literatura actual en Latinoamérica.

De nueva cuenta, gracias por la visita y por tomarse el tiempo de comentar.

Francisco.

Ernesto Cisneros-Rivera dijo...

Eso no lo dudes, Francisco, de que motivas a tu lector, lo motivas, y habrá varios interesados en navegar por la escritura de cualquier autor al que hagas referencia en tus artículos.

Parafraseándote: "rizas, con gran brillantez, el rizo".

Fuerte abrazo.

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