jueves, 11 de junio de 2009

11 junio 2009

Il pendolo di Foucault

Historia y novela
Ni siquiera Umberto Eco, al publicar su novela ‘Il nome della rosa’ pensó que tendría tanto éxito como escritor. Su primer novela se enfrentó contra limitaciones muy específicas: una época histórica bien definida y estudiada, comportamientos monacales que rehúsan todo anacronismo, una manera de narrar medieval –con el bagaje cultural que esto implica- y el conocimiento cabal del Alto Medioevo como resultado inmediato del periodo comprendido entre los siglos II y XII de nuestra era. 
No contento con el retrato puntual, exacto y meticuloso de una época realizado en ‘Il nome della rosa’, apenas siete años más tarde Eco se atrevió a formular su propia re-creación histórica de un ‘Plan’ terriblemente ambicioso, enraizado en la historia académica y la historia ‘no oficial’, lleno de referencias místicas y míticas, engarzado con las aportaciones de sociedades ocultas o secretas –y algunas otras quizá no tanto, mas con maquinaciones igualmente oscuras-: ‘Il pendolo di Foucault’ [El péndulo de Foucault]. Jesuitas y masones, bogomilos e iluminados, caballeros templarios y assassins, cada uno de ellos teniendo una parte crucial en el desarrollo de su novela, y en el resultado inmediato de semejante trama: encontrar el tesoro perdido de la Orden del Temple.

Realidad, realidad virtual, hiperrealidad
El viaje que emprende Eco en las páginas que escribe está impregnado de peligros, virajes inesperados, y también de exigencias casi inhumanas hacia el lector. Sus ciento diecinueve capítulos, encabezados por una o más citas en distintos idiomas –inglés, francés, hebreo, griego, latín e italiano-, son un enorme crucigrama de tópicos que ha de manejar medianamente bien todo aquel que se precie de ser un ‘buen lector’ de Umberto Eco. Además, su conocimiento y la inclusión de la historia europea general hasta épocas tan recientes como la Segunda Gran Guerra, hacen que el libro pueda leerse como un gigantesco compendio de teorías conspiratorias noveladas y como la aventura más ambiciosa de un escritor de novelas policíacas, todo a la vez, dentro del marco de la tradición narrativa más antigua de Europa. 
Los niveles más inmediatos de lectura sobre el texto parten desde la novela vista como una historia ensamblada de elementos ‘reales’. Con excepción de las citas de libros inexistentes o fantásticos, y las vivencias individuales de cada personaje de ficción que interviene en la trama, todas las citas y sucesos históricos son perfectamente verificables. Amalgamando estos diferentes elementos se parte hacia lo que es la ‘realidad virtual’ donde tiene lugar la novela, una noche en el ‘Musée des Arts et Metiérs’ en el corazón de la Ciudad Luz, y propiamente hablando, en los recuerdos y vivencias del protagonista principal agazapado en un rincón de dicho museo.
El paso a la hiperrealidad -el más atrevido-, antes de esta novela jamás había sido dado. La estructura narrativa y el orden de los distintos componentes obligan al lector a replantearse momento a momento qué es lo que está leyendo, y sobre todo, cómo es que ha leído todo lo escrito hasta esta novela –‘Il nome della rosa’ incluso-. La elaboración del ‘Plan’ que comienza como un juego y hobby para llenar espacios muertos de tiempo termina siendo una verdad absoluta, vocación intransigente, a la que sucumben los protagonistas de la novela. Y al final, una vez desenmascarado el ‘Plan’ y llevado hasta sus últimas consecuencias, la fascinación que ejerce la narración sobre el lector es tal que este último no puede sino preguntarse si acaso un plan como el descrito no ha existido jamás, o existió alguna vez y se ha perdido. No en balde Umberto Eco ha definido a la Hiperrealidad como ‘La falsedad auténtica’.

Káballah y código binario
El estudio de la Káballah, misterioso y lleno de anatemas, exige al discípulo o adepto una disposición interior que puede seguir y adoptar una de dos vías. La vía ‘ortodoxa’ o ‘clásica’ consiste en una meditación gradual que ocupa años, para encontrar la perfecta comunión con la divinidad, y así poder a la vez degustar algunas de sus cualidades más humanas, la inmortalidad, la sabiduría total, la conciencia completa. Paralela a esta vía se ofrece la ‘vía rápida’, peligrosísima, que ofrece más riesgos que beneficios al estudiante. A través de esta vía se obtendrán los mismos resultados que aproximándose ortodoxamente al estudio de la Káballah, mas el riesgo de perecer o ser fulminado al obrarse esta comunión con la divinidad es enorme, y como lo menciona Eco, ‘puede dejar al adepto en estado vegetal’. La muerte de la conciencia humana como una respuesta inmediata y natural a una fuerza que la sobrepasa será lo único que obtenga el discípulo que no esté convenientemente preparado:
‘A esto dedicó su vida Abraham Abulafia, en tanto que Santo Tomás se afanaba por encontrar a Dios con sus cinco callejuelas. Su Hokmat ha-Seruf era al mismo tiempo ciencia de la combinación de las letras y ciencia de la purificación de los corazones. Lógica mística, el mundo de las letras y de sus vertiginosas, infinitas permutaciones es el mundo de la beatitud, la ciencia de la combinación es una música del pensamiento, pero fíjate, has de proceder lentamente, y con cautela, porque tu máquina podría proporcionarte el delirio, no el éxtasis. Muchos discípulos de Abulafia no fueron capaces de detenerse en el tenue umbral que separa la contemplación de los nombres de Dios de la práctica mágica, de la manipulación de los nombres a fin de transformarlos en talismanes, instrumentos de dominio sobre la naturaleza. No sabían, como tampoco tú sabes, ni sabe tu máquina, que cada letra está ligada a uno de los miembros del cuerpo, y si desplazas una consonante sin conocer su poder, una de tus extremidades podría cambiar de posición, o de naturaleza, y quedarías brutalmente contrahecho, por fuera, de por vida, y por dentro, para toda la eternidad.’
El nivel de un dios interactuando con su creación, y permitiéndose negociaciones con los hombres tiene su correspondiente en la computadora que realiza cálculos y manipula cifras que están fuera del alcance de cualquier intelecto común. Los códigos binarios, los programas de computación que también aparecen en las páginas de la novela, los algoritmos para encontrar las variaciones posibles entre las grafías del nombre de Dios son, más que meros adornos y estratagemas narrativas, resultado necesario del hilo principal de la narración. No es fortuito que los involucrados en la elaboración del gran plan aparezcan todos hermanados en el aquelarre nocturno bajo la bóveda principal del museo, ni que existan miembros de un grupo que pertenezcan simultáneamente a otros; la búsqueda constante de aquello que está más allá del alcance de la capacidad humana puede obrar el milagro de crear lazos fraternales entre los pensamientos, convicciones y filosofías más disímiles.

El estigma
Un par de años después, y simultánea a la aparición de ‘Il pendolo’ en castellano, la revista Álbum Letras-Artes publicada en España incluyó una reseña de esta novela donde se mencionaba y subrayaba la temeridad del salto dado por Eco. Su argumentación fundamental se basaba en el hecho de que ‘Il nome’ había alcanzado su éxito y renombre gracias a los elementos extra-literarios que Eco acomodó magistralmente en sus páginas: la conciencia europea, el orgullo italiano, la frialdad intelectual inglesa. El escritor por tanto podía haber prescindido legítimamente de todo elemento extra-literario para escribir ‘Il pendolo’ y obtener un resultado igualmente sugerente. Mas en esas mismas fechas nadie había que pudiera narrar dentro de una hiperrealidad como la de Eco, incluso el Diccionario Jázaro publicado por Pavic en 1984 ha sido considerado reiteradas veces más como una obra de meta-ficción que como una obra hiperrealista; los ingredientes de su novela son tres diccionarios o ‘mini-enciclopedias’ cada una escrita según el punto de vista de las tres grandes religiones nacidas de Abraham: el cristianismo, el judaísmo y el islamismo, con la peculiaridad de que cada diccionario o mini-enciclopedia es completamente ficticio; fueron creados dentro y para la novela. Por ello, y a pesar de estar situada cronológicamente después de ‘Il nome’, ni siquiera el ‘Diccionario Jázaro’ pudo anticipar de manera crucial lo que sería ‘Il pendolo’.
El riesgo que se advirtió en ese entonces supuso el estigma de Umberto Eco los próximos seis años, hasta la aparición de su tercer novela: ‘L’isola del giorno prima’. 
‘Una saeta ensimismada en sus propios giros’ fue como calificó dicha reseña a la novela de Eco. Hoy, a veintiún años de distancia, podemos ver que por fortuna no fue así: sus novelas posteriores se encargarían de esclarecer este punto de vista.

Nostalgia de la divinidad
La exagerada abstracción que requiere la lectura de una novela como ‘Il pendolo’ –que no carece, con todo, de momentos humorísticos y juegos mínimos pero interesantes- sólo puede entenderse como un largo y penoso rodeo hacia lo trascendente –sentido que al parecer cada día se pierde un poco más- y la reivindicación de lo no-común como una vía de subsistencia. Así, las sociedades y grupos secretos serían guardianes celosos de una sabiduría a punto de desaparecer, endeble al ser endebles y mortales sus depositarios.
Eco no ignora esto último, y sus personajes echan mano de todo cuanto tienen a su alcance para sobrepasar el momento que les ha tocado vivir: programan computadoras y reseñan libros, arman inconmensurables planes para la dominación del mundo con secretos ancestrales, se embarcan en la búsqueda del perdido Nombre de Dios y encuentran el amor redentor para perderlo poco después en una oscura selva amazónica plagada de rituales y hechizos afro-brasileños. Estamos ante el hombre intentando justificar su existencia ante el Creador supremo:
‘¿Dónde he leído que en el momento final, cuando la vida, superficie sobre superficie, está cubierta por una costra de experiencia, sabemos todo, el secreto, el poder y la gloria, por qué hemos nacido, por qué estamos muriendo, y que todo podría haber sido distinto? Somos sabios. Pero la mayor sabiduría, en ese momento, consiste en saber que lo hemos sabido demasiado tarde. Comprendemos todo cuando ya no hay nada que comprender.’
Eco lo ha expresado demasiado bien: el tiempo es la cifra de la vida del hombre, y el medio que tiene la Divinidad para seguir interactuando con nosotros, perdidos entre el pensamiento y la sensación, la abstracción y el impulso… el amor y el odio, todo ello más allá de la realidad concreta que nos atrapa en un cuerpo de músculos, sangre y huesos.


Referencia:

  • Umberto Eco, ‘Il pendolo di Foucault’, versión electrónica disponible vía Scribd




XXXII LLL - 11 JUNIO 2009 - Il Pendolo Di Foucault
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